
¿Es Suiza realmente neutral?

Suiza sigue desde hace siglos una doctrina de neutralidad política, pero en la práctica la ha flexibilizado. El concepto de neutralidad proviene del latín neuter, que traduce ‘ni uno ni otro’. En las relaciones internacionales, un país neutral es aquel que se mantiene al margen de los conflictos, siguiendo una política de no participación. Si bien Suiza abandera esta política, la ha adaptado al contexto de globalización y multilateralismo de las últimas décadas, y ante la presión de las guerras contemporáneas.
De dónde viene la neutralidad de Suiza
La neutralidad de Suiza viene de la guerra de los Treinta Años (1618-1648), que enfrentó a algunas de las principales potencias europeas. Los cantones suizos apoyaron a distintos bandos según sus intereses y, tras un conflicto con resultados a menudo contradictorios, comprendieron que esto podía comprometer la cohesión interna. Para sobrevivir en la Europa de los Estados nación emergentes en el siglo XVII, los cantones suizos necesitaban una estrategia para garantizar su integridad y armonía interna. Años después, en 1663, la Confederación acordó ilegalizar el uso de regimientos suizos para luchar en el extranjero.
Suiza se vio forzada a redefinir su neutralidad en el siglo XIX. La ocupación napoleónica y la liberación del territorio por Austria llevaron a las élites helvéticas a considerar la neutralidad no sólo como un factor de unión interna, sino también como una garantía de independencia. El momento clave para su reconocimiento internacional fue el Congreso de Viena en 1815. En esta convención, que redibujaba las fronteras tras las guerras napoleónicas, las potencias europeas reconocieron la “neutralidad perpetua” de Suiza y su independencia de toda influencia extranjera, entendiendo que esto beneficiaría los intereses políticos de toda Europa. Así, la paz de Europa se vinculó a la independencia de Suiza, obligando a los países a reconocer su derecho a no intervenir en asuntos de terceros para preservar la estabilidad continental. A su vez, esta neutralidad e independencia empezó a atraer grandes capitales extranjeros.
Desde la Constitución de 1848, la neutralidad se consolidó como el pilar de la política exterior suiza y una garantía de su independencia, especialmente evidente durante la Segunda Guerra Mundial. Además, ya desde finales del siglo XIX Suiza aprovechaba ese pilar y el secreto bancario para consolidarse como polo de atracción de capital extranjero. Hoy en día, la neutralidad se percibe como una actitud moral y política de prudencia en los asuntos exteriores, una postura arraigada en la opinión pública. De hecho, una encuesta de 2024 mostró que el 91% de los suizos la considera esencial para la identidad y la protección del país.
En el corazón de Europa
Si bien la Constitución de 1848 no menciona la neutralidad política, el Gobierno suizo la usa como guía de la política exterior. No obstante, la Confederación se reserva el derecho de abandonar su vocación de neutralidad si enfrenta una situación que requiera intervención. La ubicación en el centro de las potencias europeas, que históricamente han protagonizado guerras y destrucciones mutuas, hace difícil mantener una neutralidad constante. Esta situación ha generado frecuentes debates internos: mientras una parte opina que la no intervención en conflictos protege al país, otra considera que Suiza debe actualizar su visión tradicional de neutralidad para actuar por la paz entre sus vecinos y, así, garantizar su propia seguridad.
Con la ambición de promover la paz mundial, Suiza se ha convertido en una sede clave para la diplomacia. Por ejemplo, albergó la firma del Tratado de Lausana de 1923, que resolvió los conflictos restantes de la Primera Guerra Mundial con la recién formada República de Turquía, o las conferencias para proteger los derechos humanos que terminaron en los Convenios de Ginebra. Además, la Confederación participó en la Sociedad de Naciones (predecesora de la ONU), cuya sede se estableció también en Ginebra. No obstante, su estricta política de neutralidad generó un conflicto interno: a Suiza le resultó difícil implementar las sanciones impuestas por la organización, situándose en la encrucijada de elegir entre cooperar o adherirse a su doctrina. Esta dificultad para mantener la neutralidad dentro de las organizaciones internacionales es la razón principal por la cual Suiza rechazó firmar la Carta de las Naciones Unidas hasta el año 2002.
¿Sigue Suiza siendo neutral?
La neutralidad de Suiza en un contexto de globalización y un orden mundial que favorece el multilateralismo es un debate recurrente. Desde su adhesión a la ONU en 2002, Suiza ha intensificado su participación en instancias internacionales como la Unesco para la cultura, la OCDE para la cooperación económica, el Consejo de Europa para los derechos humanos y la OSCE para la seguridad. Muchas organizaciones tienen sede en Ginebra, lo que consolida la posición de Suiza en el mantenimiento de la paz mundial. Además, la Confederación participa en misiones de paz de organizaciones internacionales.

Tanto en la Guerra Fría como en el actual contexto geopolítico, Suiza ha tendido a alinearse con Occidente y a apoyar sus posturas. Aunque no es miembro de la OTAN, coopera con la Alianza en el marco de la Asociación para la Paz desde 1996. De manera similar, sin pertenecer a la Unión Europea, forma parte del espacio Schengen desde 2008. Más notablemente, Suiza ha adoptado las sanciones de la Unión Europea contra Rusia y ha brindado apoyo a Ucrania desde el comienzo de la invasión en 2022.
Toda esta participación en la comunidad internacional sugiere que Suiza no es neutral, o al menos no sigue la definición tradicional de neutralidad. La Confederación justifica esta flexibilidad sosteniendo que el derecho de neutralidad no debe aplicarse a las misiones militares de la ONU, dado que tiene como objetivo la paz mundial. Aun así, hoy Suiza no sigue la neutralidad estricta clásica, sino una forma de neutralidad más flexible y activa, adaptada a las condiciones geopolíticas actuales y al mundo globalizado.


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