Las Palmas de Gran Canaria ¿Capital Europea de la Cultura? (II)

Aunque se han impulsado eventos, persisten carencias estructurales en museos, espacios públicos y apoyo a colectivos. Se enfoca la cultura como espectáculo para entretener, priorizando la cantidad de público y lo festivo frente a la creación y fomento de la cultura en la ciudad.
Cultura y Ciencia27 de enero de 2026Diego De La Nuez MachinDiego De La Nuez Machin
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Foto de Karl K

La gestión cultural del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria durante años y con diferentes mandatos siempre se ha encontrado en un dilema sencillo de resolver pero que se le atasca ¿Qué priorizar al artista de barrio o la oferta necesaria para una capital? ¿La oferta del día a día o el gran evento? ¿La labor de incentivar la cultura de una administración pública o su obligación de dar una oferta cultural de nivel?

Estas preguntas son un mismo dilema que puede parecer complicado, pero tiene una respuesta sencilla; la cultura de base debe convivir con la cultura de elite, ambas son fundamentales. Tan sencillo y tan complejo. A la ciudad se le atasca porque parece empeñado en dar tumbos de una opción a otra dejando todo a medias, especialmente abandonando la base cultural y los proyectos a medio-largo plazo por lo lúdico, el corto plazo y el activismo aislado sin un propósito.

Encima ahora con los deberes a medio hacer se le ocurre la feliz idea de presentarse a Capital Europea de la Cultura. A cualquiera que intente estar atento a la realidad cultural de esta ciudad le puede parecer, con razón, un verdadero disparate. A no ser que pienses que es una forma de incentivar, actividad o traer dinero para proyectos, pero eso es de una ingenuidad o un sinsentido absoluto, ya que al menos son necesarias unas bases donde cimentar esa aspiración.

Aunque se han impulsado eventos, persisten carencias estructurales en museos, espacios públicos y apoyo a colectivos. Se enfoca la cultura como espectáculo para entretener, priorizando la cantidad de público y lo festivo frente a la creación y fomento de la cultura en la ciudad.

Esta estrategia ha sido cuestionada por colectivos culturales que denuncian una gestión desequilibrada. En marzo de 2025, la Mesa Sectorial del Arte Contemporáneo de Canarias criticó el elevado gasto en el Carnaval —incluyendo conciertos de artistas internacionales como Maluma— frente al abandono de espacios como el Museo Néstor, cerrado desde 2018. La falta de inversión en infraestructuras culturales permanentes y en el mantenimiento de colecciones patrimoniales ha generado malestar entre profesionales del sector.

Sin título

La gestión del Museo Néstor es emblemática: pese a contar con financiación compartida del Cabildo y el Gobierno de Canarias, las obras siguen sin adjudicarse, y el museo permanece cerrado, privando a la ciudadanía de un espacio clave para la identidad insular.

En paralelo, se han desarrollado iniciativas urbanas como Contramapas y la Semana de la Arquitectura, que vinculan arte, sostenibilidad y participación ciudadana. Pero aún no compensan la falta de continuidad en la gestión museística y patrimonial.

En resumen, la gestión cultural del Ayuntamiento arrastra déficits graves en conservación, infraestructura y apoyo a la cultura local. Si Las Palmas aspira realmente a ser Capital Europea de la Cultura, deberá equilibrar espectáculo y patrimonio, modernidad y memoria. Deberá tener una gestión cultural más imaginativa y entender que la cultura no es solo espectáculo y entretenimiento. Es necesario corregir la dinámica actual con políticas más equilibradas y una mayor inversión en patrimonio y cultura de base.

El apoyo interadministrativo es clave, pero aún falta consolidar una red de colaboración con el Cabildo, universidades, colectivos independientes y municipios vecinos. La candidatura no puede depender solo del Ayuntamiento: necesita convertirse en un proyecto regional con proyección europea. Y además contar con la ciudadanía (una complicidad necesaria) y eso no se consigue de la noche a la mañana con una campaña por ahora enfocada a no se sabe dónde.

Las Palmas tiene opciones reales de convertirse en Capital Europea de la Cultura. Pero si la candidatura se percibe como una operación de marketing sin arraigo o una apuesta no real por la cultura, podría quedarse en el camino.

Si desea competir seriamente por la capitalidad cultural, deberá convertir sus puntos débiles en oportunidades: rehabilitar sus espacios, ampliar alianzas, estructurar la participación, lograr la confianza de la ciudadanía, empezar a apostar realmente por la cultura y no solo de cara a la galería, demostrar que la cultura puede transformar la ciudad desde sus raíces.

Aunque el Ayuntamiento ha lanzado una plataforma digital para recoger adhesiones y propuestas, muchos colectivos culturales locales —artistas, gestores, asociaciones vecinales— señalan que la participación sigue siendo más simbólica que estructural. La cultura de base, aquella que nace en los barrios, en los centros cívicos, en los espacios independientes, no ha recibido aún un impulso claro ni una integración efectiva en el relato oficial de la candidatura. Las iniciativas como Contramapas o Distrito Cultura han generado interés, pero no compensan la falta de apoyo continuado a proyectos comunitarios, autogestionados o patrimoniales.

Por otro lado, el apoyo ciudadano es tibio: si bien existe curiosidad y orgullo por la posibilidad de ser Capital Europea de la Cultura, la desconexión entre el discurso institucional y la realidad cotidiana de muchos vecinos limita el entusiasmo. Sin cultura de base viva y ciudadanía implicada, el riesgo es que la capitalidad se perciba como una operación de escaparate más que como una transformación real.

No es honesto, ni sensato presentar esta candidatura con el bajo nivel de interés y gestión que llevamos padeciendo años. No tiene sentido ser capital de nada cuando apenas dispones de espacios culturales para artistas locales, cuando la agenda cultural se basa en parasitar eventos de pequeñas organizaciones o asociaciones y en grandes eventos centrados exclusivamente en su valor festivo, cuando descuidas espacios emblemáticos como el Museo Néstor, tu patrimonio o el arte creado en tu propia ciudad. En resumen, esta candidatura es un salto al vacío ante la carencia de trabajo e ideas de una ciudad que lleva años maltratando a la cultura y quiere en una operación estética resolver todas sus carencias. Espero por el bien de esta ciudad que sea posible, pero lamento opinar que para que esta ciudad tenga la asignatura cultural aprobada es necesario más, mucho más, muchísimo más.

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