
Las Palmas de Gran Canaria ¿Capital Europea de la Cultura? (I)
Diego De La Nuez Machin
Las Palmas de Gran Canaria ha activado su candidatura para convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2031, con respaldo institucional, inversión inicial y una narrativa que interpela a Europa desde la insularidad. Su éxito dependerá de la capacidad de consolidar una gestión cultural coherente, inclusiva, sostenida y hacerlo realmente con la ciudadanía.
Aun así ¿Es realmente una buena idea o simplemente un acto de insensatez? Trataré de responder en dos artículos esta pregunta, primero con una presentación y luego con un análisis.
La candidatura cuenta con una inversión inicial de 200.000 euros para crear una oficina técnica y desarrollar el plan estratégico. Bajo el lema “Rebelión de la geografía”, la propuesta busca posicionar a Las Palmas como un nodo cultural atlántico, con énfasis en diversidad, sostenibilidad y participación ciudadana.
También se ha lanzado una web participativa que permite a ciudadanos y entidades sumarse al proceso, lo que refuerza la dimensión comunitaria. La alcaldesa Carolina Darias y el concejal de Cultura Josué Íñiguez lideran el impulso institucional, junto al director artístico José Luis Pérez.
Bajo el mandato de Jerónimo Saavedra como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria (1999–2007), se planteó la idea de presentar la ciudad como candidata a Capital Europea de la Cultura. Se impulsó una política cultural ambiciosa que incluyó la rehabilitación del Teatro Pérez Galdós, la creación del Auditorio Alfredo Kraus y el fortalecimiento del Festival Internacional de Cine. Pero nunca se formalizó una candidatura oficial, quizás porque comprendía mucho mejor lo que significa la cultura que la actual corporación.
España tiene asignado el turno para 2031, por lo que varias ciudades competirán por el título. El Ministerio de Cultura coordina el proceso nacional, y las ciudades tienen hasta finales de 2025 para presentar sus propuestas. La decisión final se tomará entre 2026 y 2027, tras una evaluación por parte de un comité europeo de expertos.
En el caso de Las Palmas de Gran Canaria, ser elegida supondría reivindicar su identidad insular y atlántica, activar su patrimonio dormido (como el Museo Néstor), y demostrar que una ciudad periférica puede liderar procesos culturales de escala continental. Es una oportunidad única para convertir la cultura en motor de transformación real.

La ciudad elegida como Capital Europea de la Cultura puede recibir hasta 1,5 millones de euros en financiación directa de la Unión Europea, además de apoyo del Ministerio de Cultura de España y otras fuentes públicas.
Como proyectos destacados:
· Rehabilitación de espacios culturales como el Museo Néstor y el Castillo de Mata.
· Creación de laboratorios culturales en barrios periféricos.
· Programas de intercambio artístico con ciudades europeas y africanas.
· Festivales temáticos sobre migración, mar, diversidad y patrimonio.
Ser elegida como Capital Europea de la Cultura trae consigo una serie de ventajas estratégicas, económicas, sociales y simbólicas que pueden transformar profundamente una ciudad como Las Palmas de Gran Canaria:
1. Proyección internacional:
· La ciudad se convierte en referente cultural europeo durante todo un año.
· Aumenta su visibilidad en medios internacionales, redes culturales y circuitos artísticos.
· Se posiciona como destino turístico y creativo, atrayendo visitantes, artistas y profesionales.
2. Inversión y financiación:
· Acceso a fondos europeos y nacionales para infraestructuras culturales, rehabilitación patrimonial y programación artística.
· Estímulo a la economía local a través del turismo cultural, la hostelería, el comercio y los servicios creativos.
· Generación de empleo en sectores culturales, técnicos y logísticos.
3. Rehabilitación urbana y patrimonial:
· Mejora de espacios públicos, museos, teatros y centros culturales.
· Recuperación de edificios históricos y creación de nuevos equipamientos.
· Impulso a la sostenibilidad urbana y la accesibilidad.
4. Participación ciudadana y cohesión social:
· Fomento de la cultura de base, con proyectos comunitarios y educativos.
· Refuerzo del sentido de pertenencia y orgullo local.
· Espacios de diálogo intercultural, inclusión y memoria colectiva.
5. Legado a largo plazo:
· Transformación estructural de la política cultural local.
· Consolidación de redes internacionales y alianzas estratégicas.
· Posibilidad de mantener parte de la programación y estructuras más allá del año de capitalidad.
Aunque depende del alcance del programa, las ciudades que han sido Capital Europea de la Cultura han manejado presupuestos que oscilan entre 30 y 70 millones de euros, en la mayoría de los casos, la inversión realizada por las ciudades que han sido Capital Europea de la Cultura se recupera —y en muchos casos se multiplica— a través de beneficios económicos, turísticos, sociales y culturales.

En resumen, aunque el coste inicial puede superar los 30 millones de euros, el retorno económico y simbólico suele justificar la inversión, siempre que el proyecto esté bien gestionado, tenga impacto real y deje un legado duradero. Para Las Palmas de Gran Canaria, esto podría significar una transformación profunda de su modelo cultural y urbano.
Pero esta candidatura presenta varios puntos débiles que podrían comprometer su viabilidad si no se abordan con decisión:
1. Infraestructura cultural deteriorada o cerrada:
· Espacios emblemáticos como el Museo Néstor llevan años cerrados sin fecha clara de reapertura.
· Otros centros culturales presentan carencias técnicas, falta de accesibilidad o programación irregular.
· La inversión en patrimonio ha sido desigual, lo que debilita la imagen de continuidad y cuidado institucional.
· Falta de espacios culturales y expositivos.
2. Falta de cohesión territorial y regional:
· Aunque el Gobierno de Canarias y el Cabildo han mostrado apoyo, no existe aún una red sólida de colaboración con otros municipios, universidades y colectivos insulares.
· La candidatura corre el riesgo de percibirse como un proyecto exclusivamente municipal, sin arraigo regional ni proyección interinsular.
3. Déficit de participación estructurada:
· Aunque se ha lanzado una plataforma digital para recoger ideas ciudadanas, muchos colectivos culturales denuncian falta de diálogo real y apoyo continuado.
· La participación sigue siendo más simbólica que estructural, sin mecanismos claros para integrar propuestas en el programa oficial.
· No se ha sabido hacer llegar la propuesta a la ciudadanía, con una campaña totalmente alejada de la base social.
· No existe una red base ni una trayectoria cultural que aprovechar.
4. Desequilibrio entre eventos y cultura de base:
· Se priorizan grandes festivales y espectáculos (como el Carnaval o Sonora), mientras que la cultura local, comunitaria y patrimonial recibe menos atención.
· Esta estrategia puede generar una imagen de superficialidad o marketing cultural, en lugar de transformación profunda.
5. Calendario ajustado y falta de hitos visibles:
· La candidatura necesita consolidar su relato, ejecutar reformas clave y demostrar impacto antes de 2026, cuando se decidirá la ciudad ganadora.
· A día de hoy, no hay suficientes hitos tangibles que evidencien el avance del proyecto más allá de la planificación.





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