
Los inicios del salvamento marítimo en España

El problema partía del hecho de que muchos miembros de las dotaciones de los buques no sabían nadar y ante los naufragios morían. Eso provocó que potencias marítimas tan destacadas como Inglaterra o Francia, pero también Holanda y Alemania, comenzaran en el siglo XIX a preocuparse de esta cuestión a través de la creación de sociedades benéficas para rescate de náufragos. Muchas de ellas se sostenían por donativos aunque pronto las administraciones comenzaron a aportar ayuda.
Ferreiro y Peralta era conocedor de estas iniciativas y puso de manifiesto en España que las cifras de fallecidos eran muy altas en comparación con lo que ocurría en esos países pioneros. Realizó una intensa labor de investigación aportando datos y hasta elaborando un mapa de naufragios de la península Ibérica para comprobar donde eran más frecuentes los siniestros. Al parecer, las costas de Santander, Almería y el Estrecho de Gibraltar eran las más peligrosas.

Esta labor de investigación y de concienciación comenzó a dar sus frutos, aunque lentamente. El 15 de abril de 1858 se dio una Real Orden que aprobaba un reglamento para la concesión de medallas de honor a los marinos de barcos extranjeros que auxiliasen a buques o marinos españoles.
Por la Real Orden de 29 de diciembre de 1860 se aprobó un reglamento provisional que debía observarse para el establecimiento definitivo de las estaciones de botes salva-vidas. Por fin, en 1880, concretamente, el 19 de diciembre de ese año, nacía la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos, a imitación de las existentes en Europa.
Era independiente, aunque estuvo muy vinculada a la Armada desde el primer momento. Así pues, su primer presidente fue el almirante Joaquín Gutiérrez de Rubalcava y Casal.
La Sociedad estaba formada por dos tipos de miembros. Había socios con distintas categorías, dependiendo de las donaciones que aportaban periódicamente, y también había donadores con aportaciones puntuales.
En las distintas costas se crearon estaciones de salvamentos con voluntarios de las respectivas zonas y con un material asignado consistente, por lo general, en bote salvavidas y lanzacabos. En diciembre de 1886 ya había veinticuatro estaciones.
Para el gobierno de la Sociedad se formó una Junta Central que coordinaba los trabajos de las juntas locales o de distritos. Estas juntas estaban en permanente contacto con las Comandancias de Marina de su zona con el fin de coordinar los salvamentos.
Pues bien, nosotros hemos encontrado una información no muy conocida sobre la instalación de la Sociedad en la Exposición Universal de Barcelona de 1888 gracias a la larga crónica, en distintos números, que el corresponsal de El Socialista publicó. En el número del 16 de noviembre de 1888 se trataba de la sección marítima de la Exposición y allí se relataba lo que vio al respecto.
En dicha sección la Sociedad presentó algunos aparatos como botes salvavidas, balsas, barcas, aparatos lanzacabos, etc.
El corresponsal recabó un conjunto de datos sobre la Sociedad. A la altura de 1888 contaba ya con treinta y nueve juntas locales y más de 5.100 suscriptores, con una “renta anual” (presupuesto, imaginamos) de 115.000 pesetas. La totalidad de lo recaudado desde su fundación había sido 350.000 pesetas. De ellas, había invertido en material, 275.000. Así poseía veinte botes salvavidas y dieciséis lanzacabos. Se había concedido 490 medallas con 15.800 pesetas en metálicos, y se había salvado a 450 personas.
Sobre la Sociedad es muy ilustrativa la consulta del pdf que tiene colgado en la red la Cátedra de Historia y Patrimonio Naval (Armada Española y Universidad de Murcia).


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