SAN SALVADOR – La vida en el Corredor Seco Centroamericano es más que dura. Las personas que viven en esa franja, algo menos de 11 millones, están expuestas a una variabilidad climática más intensa que en el resto del istmo, y en cosa de semanas pueden pasar de una aguda sequía a lluvias torrenciales.
Por Edgardo Ayala