
Las Leyes de Neutralidad norteamericanas de los años treinta

Imagen: El presidente Franklin D. Roosevelt en el acto de colocación de la primera piedra del Monumento a Jefferson en Washington D. C. celebrado el 14 de noviembre de 1939, sólo diez días después de la firma de la Ley cash and carry.
Las Leyes obedecen al intenso aislacionismo que vivió la clase política y la opinión pública norteamericana, y que se inició al terminar la Gran Guerra. Las Leyes buscaban, por lo tanto, que los Estados Unidos no se involucrasen en conflictos entre otras potencias, sobre todo en el continente europeo.
La cuestión que precipitó estas Leyes se produjo a raíz de una investigación de un Comité del Senado, presidido por Gerald P. Nye, en el año 1934. El informe resultante demostraba los altos beneficios que obtuvieron los fabricantes de armas en la Primera Guerra Mundial, aunque también es cierto que la Comisión exoneró de toda responsabilidad al expresidente Wilson de haber metido al país en la contienda por motivaciones de lucro personal. Los legisladores estaban muy preocupados por la presión de la industria de armas, y que su deseo de enriquecerse precipitase al país a participar en un conflicto bélico, aunque conviene señalar que el aislacionismo obedece a más causas.
La primera ley se aprobó en 1935. Prohibía a los ciudadanos estadounidenses vender armas a países beligerantes en una guerra. Esta ley surgió en el contexto de la invasión italiana de Etiopía. Pero esta legislación nada decía de la venta de fuentes de energía o materias primas.
La Ley de Neutralidad de febrero de 1936 perfeccionó la anterior al incluir en las prohibiciones el comercio de materiales bélicos, así como la concesión de créditos o préstamos a países beligerantes.
En 1937 se aprobaron dos leyes, en respuesta a la Guerra Civil española. La Guerra Civil en España introdujo un nuevo problema. No se trataba de potencias en guerra, sino de bandos de un mismo país. Ambas leyes fueron promovidas por uno de los adalides del aislacionismo norteamericano del momento, el senador republicano Arthur H. Vandenberg. La nueva legislación incluyó el caso de las guerras civiles y estableció restricciones a empresas e individuos norteamericanos sobre asistencia a los beligerantes.
En el verano de 1937 Japón invadió China, pero Roosevelt decidió no invocar las Leyes de Neutralidad al no calificar la lucha como un estado de guerra, en beneficio de China.
Por fin, en noviembre de 1939, recién iniciada la Segunda Guerra Mundial, se aprobó la última de las Leyes de Neutralidad, que autorizó las exportaciones de armamento siempre que se pagaran en efectivo, al contado y el transporte corriera a cargo del comprador, una decisión que beneficiaba tanto a Reino Unido como a Francia, dadas sus potencias marítimas.
Cuando la situación de la guerra se complicó y Roosevelt comprendió que tenía que ayudar completamente al Reino Unido, comenzó a luchar contra toda esta legislación, que terminó por ser derogada con la famosa Ley de Préstamo y Arriendo.



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