
El nacionalismo en el siglo XIX: un nuevo manual de Historia

No podemos entender ni el siglo XIX, ni el XX ni tan siquiera lo que llevamos del siglo XXI sin estudiar qué es el nacionalismo, definido como una ideología de un pueblo que, “afirmando su naturaleza de nación, aspira a constituirse como Estado”, o “sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia”, si seguimos a la Real Academia Española.
El nacionalismo surgió con la contemporaneidad en Europa y se afianzó junto con otras ideologías, de las que tomó en préstamo algunos principios, para conformarse y desarrollarse a lo largo de todo el siglo XIX.
No hay un solo tipo de nacionalismo, como veremos, y se pueden establecer dos grandes diferencias ideológicas, y una tipología operativa. En el primer caso, se verá el surgimiento de un nacionalismo con influencia liberal, hijo de la Revolución francesa, basado en la soberanía nacional y en el ejercicio de la misma, pero, en segundo lugar, especialmente, en el ámbito germánico, nacería un nacionalismo más vinculado al romanticismo y a las esencias, por encima de los individuos y sus decisiones en comunidad, aunque cada uno de estos nacionalismos tomaría prestados del otro distintos conceptos.
El nacionalismo, así como los conceptos de nación y Estado-nación, no fueron inevitables cuando nació la Edad contemporánea, porque se tiende a pensar que la Historia habría conducido inevitablemente a los europeos a organizarse en comunidades políticas (Estados) basadas en las naciones y que ese culmen se conseguiría, aunque no en todos los casos, en el siglo XIX y/o en el XX. Ni mucho menos, el ser humano ha podido organizarse en comunidad de otras formas, y sin olvidar que siempre ha habido corrientes ideológicas muy alérgicas a los principios nacionalistas, con mayor o menor éxito e influencia.
El nacionalismo del tipo que sea siempre ha generado fervientes pasiones, ya que se trata de una ideología con una carga emocional muy superior a las que pudieran tener el liberalismo o el socialismo, más estructuradas racionalmente. El nacionalismo apela a sentimientos de pertenencia, a símbolos, a exaltaciones y fervores. Además, los nacionalismos radicales pueden llevar a emprender acciones de competencia, exclusión y hasta de enfrentamientos que puede llegar muy virulentos. En todo caso, es innegable que el nacionalismo es una fuerza poderosa y está presente en nuestras vidas. Acercarnos a sus primeras fases puede ser un ejercicio interesante para reflexionar sobre un fenómeno de primerísima importancia en nuestro mundo.


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