
Cuarentenas

Escudo de las plagas: La muerte coronada como vencedora. 1607-37, Augsburgo, Alemania. Fuente Wikipedia
Consisten, básicamente, en mantener aislada a la población de un barco donde hubiera sospechas de que a bordo se habría podido desarrollar una enfermedad infecciosa proveniente de un lugar donde se estuviera dando. En consecuencia, la población del navío no podría desembarcar ni mantener contacto alguno con tierra.
Las cuarentenas surgieron a raíz de la peste para impedir su expansión, pero luego se aplicaron para evitar la propagación de otras enfermedades como la fiebre amarilla o el tifus.
La cuarentena, como su nombre indica, se estipulaba por un plazo de tiempo de unos cuarenta días, aunque podía alargarse o acortarse en función de cada circunstancia.
En el siglo XIX se realizó un esfuerzo internacional para elaborar un reglamento internacional. Así pues, en la primera Conferencia Sanitaria Internacional que se celebró en París se redactó el reglamento, publicado en 1853, y que fue adoptado posteriormente por muchos Estados. En el mismo se estipuló que todos los barcos debían ser reconocidos a su llegada a puerto. El mencionado reglamento se fue reformando y ampliando sucesivamente, especialmente en los años sesenta de dicho siglo a raíz de la Conferencia de Constantinopla. Por fin, en relación con la Conferencia de Viena de 1875 se aprobó un Reglamento General de Policía Sanitaria, que se publicaría en 1877, donde la acción para prevenir la expansión de las epidemias con cuarentena se aplicaría al cólera, la fiebre amarilla y la peste. Sobre estas enfermedades se suscribiría en la capital francesa un Convenio Internacional Sanitario en 1912, que nuestro país ratificó en el año 1920.
En España estas cuestiones eran competencia de la Sanidad Marítima. Se ponía en marcha cuando llegaba un barco a puerto. Se revisaba su patente, la lista de tripulantes y pasajeros, la carga, el diario de navegación y otros documentos para elaborar el correspondiente expediente. Si el mismo se consideraba “limpio”, se le dejaba atracar en el puerto, pero si era “sucio” o sospechoso debía trasladarse al lazareto para pasar la cuarentena.
Una vez terminado el período de tiempo estipulado, tanto los pasajeros como los capitanes de los navíos podían expresar en el correspondiente libro de reclamaciones para expresar cómo se les había tratado y cualesquiera cuestiones que estimaran oportuno en relación con la estancia en el lazareto.


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