
La sanidad infantil en la República

En marzo de 1933 se dio una orden muy importante en la historia de la sanidad española en relación con los niños.
El Gobierno de la República, a tenor de la elevada mortalidad infantil que cuando llegó el nuevo régimen era de 117 niños por mil nacidos vivos, se vio en la necesidad de intentar hacer un esfuerzo para paliar esta situación y mejorar la sanidad de los niños que se consideraba había sido muy deficiente hasta el momento.
En la Orden que se dio se explicaba que muchas de las causas de esa elevada mortalidad eran evitables porque respondían a la falta de higiene durante el embarazo y la crianza del niño, así como por la incultura y falta de orientación sanitarias que existían en gran parte de España porque se carecía de los más elementales servicios de higiene infantil. En los casos en los que sí había servicios se daba la circunstancia de la carencia de coordinación y orientación sanitaria restaba eficacia a dichos servicios. Por fin, en otros servicios el funcionamiento, al parecer, era calificado de deplorable.
Por todo ello se disponía lo siguiente:
-La creación de un servicio de Higiene infantil en cada capital de provincia, adscrito a los Institutos Provinciales de Higiene, cuya actuación debía comprender los aspectos específicos de la higiene infantil en esa capital y en los pueblos de su provincia.
-Cada dispensario provincial de higiene infantil tendría tres componentes. En primer lugar, se establecería una consulta de higiene prenatal para que la gestación llegase a buen término y para que el niño pudiera nacer en buenas condiciones. Debía aconsejar a las madres, en el momento oportuno, dirigirse a un tocólogo o a una comadrona. Además, dicha consulta debía preocuparse de las madres sin recursos. El objetivo era que los niños y niñas nacieran sanos. En segundo lugar, habría que dotar una consulta de lactantes encargada de una labor de enseñanza y propaganda en favor de la lactancia materna, además de vigilar el crecimiento normal de los niños y de practicar las oportunas vacunas y proporcionar tratamientos profilácticos y curativos, vigilando, especialmente, las peligrosas diarreas estivales, una de las causas de la mortalidad infantil. Por fin, se establecería una consulta de higiene escolar para diagnóstico y tratamiento de los problemas de los niños y profilaxis de las infecciones.
-Los tres servicios debían estar dotados por un médico puericultor especializado y por una enfermera visitadora, encargada de investigar y dar cuenta al médico de la situaciones sociales y sanitarias de las familias y de sus viviendas, además de hacer una labor pedagógica con las asistentes a las consultas mencionadas.
La orden se publicó en la Gaceta el 30 de marzo de 1933.
Hemos consultado la disposición en el número del 31 de marzo de 1933 de El Socialista. Por otro lado, en la hemeroteca de El Obrero, el lector interesado encontrará algunos trabajos de este autor sobre la labor de la República en la sanidad.


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