
De cara al ballotage, Lula y su militancia no se rinden
Por Ignacio Michel para La tinta

La noche del domingo 4 de octubre, el desconcierto de la militancia lulista en Cinelândia, en el centro de Rio de Janeiro, se podía palpar. En las escalinatas del Palacio Pedro Ernesto, sede de la Cámara Municipal, una multitud se reunía frente a una pantalla gigante. La mayoría miraba sus celulares mientras esperaba noticias que pudieran cambiar el rumbo del escrutinio. Alrededor de las 22, el resultado provisorio parecía irreversible. A medida que avanzaba el recuento de votos, las expectativas de revertir la tendencia se desvanecían. La alegría que suele caracterizar a la militancia lulista no estaba presente esa noche. En su lugar, predominaban el silencio y los rostros de sorpresa y temor.
Al otro día de la derrota, comenzó a instalarse una consigna que sintetizaba el nuevo escenario: «Vamos virar a eleição», es decir, revertir el resultado en la segunda vuelta. La derrota electoral no tiró al piso ni a Lula ni a su militancia. Por el contrario, comenzó a desplegarse una intensa actividad política en distintos puntos de Brasil. El primer foco de movilización fue Niterói, municipio del estado de Rio de Janeiro, donde los estudiantes universitarios, en un acto de reflejo y defensa, protagonizaron una masiva convocatoria de manera espontánea; sin discursos, sin organización previa, se autoconvocaron y marcharon.

Vivo en Rio de Janeiro desde hace tres meses y, después del domingo 4 de octubre, comencé a percibir una energía militante emocionante, impulsada por el entusiasmo y la urgencia de dar vuelta el resultado. Una movilización surgida desde abajo, con una organización caótica, espontánea e increíblemente improvisada. Este cambio se hizo visible en la vida cotidiana de la ciudad carioca: las calles, el metro, los botecos.
Una mañana, en el metro, compartí el vagón con una joven y un joven vestidos de traje que conversaban sobre las elecciones. Ella llevaba pegado en la ropa un sticker con el número 13, el de Lula en la boleta electoral. Mientras hablaban, le insistía a su acompañante que, esta vez, tenía que ir a votar. Le remarcaba lo importante de que lo hiciera.

En un boteco del barrio de Flamengo, donde el televisor suele estar siempre encendido y transmitir partidos de fútbol, me encontré con una escena diferente. Ese día, los mozos y algunos clientes seguían y discutían el debate en el Senado sobre la propuesta de poner fin a la escala laboral 6×1, que establece seis días de trabajo por uno de descanso. La iniciativa, defendida por Lula, había ganado un apoyo popular creciente, al punto de que el Partido Liberal (PL), vinculado a la familia Bolsonaro, también había tenido que respaldarla.
En los barrios de la zona sur por los que suelo transitar, las expresiones de apoyo a Lula son predominantes. En la ropa de la mayoría de las personas, se pueden ver los stickers con el número 13 o con la imagen de Lula. Pequeñas mesas a la salida de las estaciones de metro, volanteadas en distintos lugares y, tanto durante el día como sorpresivamente durante la noche en zonas de bares, carteles artesanales hechos a mano y asambleas en distintos puntos de la ciudad.

Sin embargo, Rio de Janeiro es una ciudad compleja de interpretar políticamente. Las expresiones de apoyo a Lula que observo en la zona sur y el centro no alcanzan para explicar el conjunto del mapa electoral. La ciudad también es un territorio de fuerte arraigo del bolsonarismo. De hecho, Flávio Bolsonaro se impuso en el estado de Rio de Janeiro y el candidato del bolsonarismo ganó las elecciones para gobernador. En las zonas norte y oeste, así como en las favelas controladas por la milicia, el bolsonarismo conserva un importante respaldo.
El viernes 16 de octubre, Flávio Bolsonaro fue entrevistado por la cadena Globo, un día después de Lula. Durante la transmisión, en distintos barrios de Rio de Janeiro, se escucharon cacerolazos y gritos contra el candidato de extrema derecha.
Ocupar as ruas e as redes: ganar las calles y las redes
La disputa por la segunda vuelta no se libra únicamente en las calles. También se traslada a los teléfonos celulares, a los grupos y canales de WhatsApp y a las distintas redes sociales, donde videos e imágenes circulan de manera viral. En este terreno, la comunicación de Lula comenzó a mostrar cambios. El presidente intensificó la publicación de videos grabados con la cámara frontal, en un formato más espontáneo y directo. La apuesta era acercarse a los votantes a través de un lenguaje menos formal, adaptado a las dinámicas de las redes sociales.
El papel de las plataformas digitales tuvo un papel central en la competencia electoral. Durante la campaña hacia la segunda vuelta, el funcionamiento de Meta —empresa propietaria de Instagram, Facebook y WhatsApp— quedó en el centro de las denuncias de la campaña de Lula. La controversia adquirió relevancia institucional cuando el Tribunal Superior Electoral (TSE) exigió explicaciones a la empresa y, posteriormente, dispuso medidas para impedir alteraciones en la distribución de contenidos político-electorales de ambas candidaturas durante la segunda vuelta.

Al mismo tiempo, dentro de lo que podríamos denominar lulismo, adquirieron un protagonismo central figuras con una gran capacidad de comunicación digital. André Janones, diputado reelecto de 41 años, el día posterior a la primera vuelta, creó un canal de WhatsApp denominado «Exército do Lula» que, en menos de tres semanas, superó los seis millones de participantes. También ganó visibilidad Ana Elisa, una joven afrodescendiente de apenas 21 años que obtuvo más de 500.000 votos.
El PT parece haber comprendido que ya no alcanza con disputar las elecciones exclusivamente en los espacios tradicionales de la política. Había que disputar también el terreno digital. Para Janones, el desafío era recuperar el terreno perdido frente a la derecha en las redes sociales. «La derecha no va a volver nunca más a liderar en las redes», afirmó en una frase que sintetizaba la ambición de convertir la comunicación digital en un terreno decisivo de la campaña.

Las movilizaciones
La movilización callejera comenzó a tomar impulso al otro día de la primera vuelta, con la convocatoria estudiantil en Niterói. A partir de entonces, distintas expresiones de militancia comenzaron a multiplicarse en Rio de Janeiro y todo el país. La participación estudiantil se convertiría en uno de los rasgos más significativos de esta etapa de la campaña.
Un amigo carioca, militante del PT, de ochenta años, me dijo, sorprendido, que nunca había visto en Brasil un nivel de movilización como el de estos días. En las calles, las universidades, el transporte público y otros espacios públicos, distintas formas de participación política parecían converger en una misma urgencia: impedir una victoria de la extrema derecha.

El miércoles 7 de octubre, apenas tres días después de la primera vuelta, una multitudinaria marcha recorrió el centro de Río de Janeiro con la participación de estudiantes universitarios y secundarios. Una docente de nivel secundario que participó de la movilización me señaló que era la primera vez que distintas organizaciones estudiantiles de ese nivel marchaban unidas y que, para muchos, se trataba de su primera experiencia en una marcha. La intensa actividad política continuó durante los días siguientes, con actos y movilizaciones. El lunes 12 de octubre, Copacabana fue escenario de una manifestación multitudinaria durante la mañana. Por la tarde, los Arcos da Lapa albergaron otro acto masivo, organizado por distintas escuelas de samba.
El domingo 18 de octubre, volvió a ser una jornada de movilización. Por la mañana, se realizó un acto estudiantil en la Candelária y, en el barrio de Flamengo, tuvo lugar «Corredores com Lula», una iniciativa organizada en distintas ciudades brasileñas, incluida Rio de Janeiro. Por la tarde, la playa de Copacabana fue escenario de un ato pela democracia, con actuaciones de distintos artistas y Caetano Veloso como figura principal.

Las calles y las redes se convirtieron así en dos escenarios inseparables de la disputa electoral. La campaña adquirió una intensidad que no se explicaba solamente por la competencia entre dos candidaturas, sino también por la convicción de quienes salieron a las calles para advertir que el regreso de la extrema derecha tendría consecuencias dramáticas para Brasil.
Esta es, probablemente, la elección más difícil de Lula. Se enfrenta a una extrema derecha consolidada, que cuenta con el respaldo de Donald Trump y el poder de las grandes plataformas tecnológicas. Si logra revertir el resultado de la primera vuelta, no solo habrá conseguido una victoria electoral: reafirmará su liderazgo internacional y marcará un camino para toda América Latina en la disputa contra la extrema derecha.
En mi nota anterior sobre el comienzo de campaña de Lula, afirmé que la historia se escribe con épica o no se escribe. Hoy, retomo esa idea. En Rio de Janeiro, durante estas semanas, se percibe una voluntad inquebrantable de brasileños y brasileñas de soñar con un Brasil diferente. Aún queda por ver si esa voluntad alcanzará para dar vuelta la elección.
*Por Ignacio Michel para La tinta.


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