Entre marchas, arte y barricadas, la Generación Z reclama su derecho al futuro

La juventud irrumpió en el escenario político internacional como protagonista de enormes revueltas que cuestionan las miserias del capitalismo del siglo XXI. La protesta en las calles, el arte y la recuperación de las experiencias revolucionarias del pasado, son algunos de los medios que utiliza para expresar su crítica a los problemas a los que se enfrenta.
Por  Flor Alegría
Mundo06 de noviembre de 2026 IZQWEB

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Todos los ojos están puestos en las masivas protestas protagonizadas por la juventud en las últimas semanas. Europa se sacude por la irrupción de la Generación Z. Esta joven generación, nacida entre 1997 y 2012, ha entrado en escena con reclamos hermanados y anudados en las profundas contradicciones del capitalismo del siglo XXI. El mundo en combustión hace reaccionar a los más jóvenes– algunos muy jóvenes como los estudiantes secundarios franceses– que ven que el capitalismo no tiene nada para ofrecerles.

Las promesas frustradas del ultracapitalismo

No se trata de compartir simplemente un rango etario: la Generación Z tiene una experiencia del mundo compartida. A diferencia de quienes falsamente decretaron el “fin de la historia”, esta generación a muy temprana edad ha vivenciado que la historia está viva y amenaza su futuro bajo el ultracapitalismo: pandemia mundial, guerras y genocidios, crisis climática, la destrucción de empleo y derechos conquistados, y más. Para esta generación, todo lo sólido se desvanece en el aire o, más bien, no han vivido un mundo donde hubiera alguna solidez. Recuerdos de otra generación, la estabilidad y las promesas de finales del siglo XX se fueron con el cambio de siglo.

La generación Z creció en un mundo de ruptura de los consensos que ordenaron el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial. No hay un horizonte claro bajo el sistema capitalista: este no puede asegurar siquiera los derechos más elementales, como el derecho a la vivienda. El capitalismo no ha podido prometerle que con su esfuerzo obtendrá resultados. El estudio no le asegurará un mejor trabajo– o trabajo a secas–; un mejor trabajo no le garantizará estabilidad o ahorros; incluso de tener la fortuna de ahorrar, jamás será lo suficiente para comprar una casa.

La precariedad de la vida es otra de las realidades que atraviesa a esta generación. En países como Argentina, 7 de cada 10 jóvenes trabajan en la informalidad, viéndose obligados cada vez más a dejar sus estudios. En Europa los gobiernos destinan más dinero para el rearme que para la educación y sus políticas apuntan a liquidar las conquistas del Estado de Bienestar. En países como Albania, se plantea la extranjerización de territorios para que los mega ricos del mundo– como el yerno de Trump– puedan hacer sus complejos turísticos de lujo. En un capitalismo en crisis en el que la burguesía quiere dar por tierra con las conquistas de las generaciones pasadas, no hay ya grandes promesas y el futuro se presenta como algo incierto.

Por supuesto, esto provoca una gran angustia y frustración que hace que las nuevas generaciones no sean tan felices como las anteriores. Un estudio realizado por la revista Plos ONE–que ha analizado más de 20.000 casos en más de 44 países del mundo– ha confirmado que las nuevas generaciones se sienten más infelices, ansiosas y solas que las anteriores generaciones. No es ninguna novedad que la salud mental es un problema que arrecia en la juventud en un contexto en que la salud pública se desfinancia. Es más, la pandemia implicó la reclusión y la fragmentación de los vínculos colectivos y entre pares, vitales para el desarrollo personal de los jóvenes.

A este cóctel se suma la exacerbación de la sociedad de consumo. A la juventud se le ofrecen, se le ofertan, constantemente mercancías, cuerpos, imágenes para generar una euforia que tape la falta de desarrollo de las potencialidades individuales. El desarrollo del individuo se frustra y se le ofrece, para entretenerse, un objeto de consumo que luego de consumado deja una gran sensación de vacío. Las herramientas para desarrollar la curiosidad y los intereses personales de una forma integral, que deberían ser garantizados por la sociedad, son vedadas para la juventud, y se la deja a su suerte. Se la abandona, y son muchos los jóvenes que sienten que no están logrando vivir su vida, que lo que viven no es una vida realmente vivida o la que quieren vivir.

El ultracapitalismo le quiere hacer creer a los jóvenes que tienen todo a su alcance y que su frustración es un defecto personal, mero producto de la psicología individual. ¡Mentiras! El florecimiento de la personalidad no puede ser más que un proceso donde el individuo se desarrolla en concierto con la sociedad. No solo los números sobre los padecimientos mentales en las nuevas generaciones no paran de crecer, demostrando una tendencia general con arraigo social, sino que el capitalismo oculta a base de mercancías cada vez más inaccesibles  los cuestionamientos que no puede responder.

¿Bajo qué proyecto y brindándole qué herramientas le propone el capitalismo alcanzar la felicidad a la juventud ? ¿Es acaso el consumo el epítome de la felicidad del ser humano o es el desarrollo fraterno con sus pares, cada vez más fragmentado en esta sociedad, lo que permite la realización del individuo? ¿Qué proyección le ofrece el capitalismo a los jóvenes en un mundo de incertidumbre? Los jóvenes en España dicen que cuando se piensan a los 50 años se ven viviendo con otras 5 personas, luchando por pagar el alquiler. Muchos no pueden imaginar su futuro sin el sostén de sus padres.

En un mundo donde todo se desploma, la quimera de la felicidad individualista es un embuste para los hijos de la clase trabajadora, cuyo destino está indefectiblemente atado al rumbo de la sociedad. Los jóvenes son quienes más sienten a la catástrofe respirándoles en la nuca: problemas gigantescos– estructurales– que no hacen más que agravarse día a día y requieren con urgencia de una solución.

“Un violento deseo de felicidad”

Las protestas que conmocionan Europa tienen rostro joven. La revuelta de la generación Z sacude Francia, España, Italia, Bélgica, Albania, Grecia, Serbia y más. Estas movilizaciones coinciden no solo en la juventud de sus protagonistas, sino también en los reclamos: exigen plata para educación, no para la guerra; medidas ante la crisis climática y el calentamiento global; se oponen contra el encarecimiento del coste de vida y el recorte de servicios públicos; y llaman a todos los sectores de la sociedad a movilizar como ellos lo están haciendo. En 2025, una ola de protestas, también protagonizadas por la juventud, conmocionó Asia y Oceanía en países como Indonesia, Nepal, Madagascar, Filipinas, y más. A mediados de este año, el movimiento de las cucarachas en la India provocó la renuncia del ministro de Educación que provocó a la juventud en un país donde la mitad de la población tiene menos de 30 años.

En las movilizaciones de la Generación Z, se encuentran todos los tipos de colores de cabello y vestimenta, de simbologías, frases y referencias a las causas que acompañan a esta generación. Entre ellas, una infaltable es la bandera palestina que flamea en todas las movilizaciones de la juventud en todo el mundo. Tal es el peso que tiene la causa palestina, que en Italia la Generación Z es también llamada “Generación Gaza” por su fuerte compromiso contra el genocidio. Asimismo, las nuevas generaciones no pierden oportunidad de denunciar la crisis climática y el calentamiento global: los carteles sobre esta problemática exceden a las marchas ecologistas por el ritmo acelerado de las catástrofes climáticas, las olas de calor extremas, las inundaciones y la falta de respuestas por parte del capitalismo.

A su vez, la Generación Z recupera en las movilizaciones los relatos que la han acompañado a lo largo de su vida: no son pocas las sagas que abordan la opresión, la justicia y la libertad entre sus consumos culturales. La bandera de los piratas de One Piece ya es un estandarte infaltable en las movilizaciones de la Generación Z: simboliza la resistencia a los poderosos, a quienes se oponen los protagonistas del anime. Esta bandera apareció en 2025 en Indonesia, Nepal, Madagascar, Filipinas, Marruecos, Perú y este año en Francia, Bélgica e Italia. En Francia, entre gases lacrimógenos una orquesta se obstinó en tocar hasta el final la canción de “El árbol del ahorcado” de Los juegos del hambre, que es un himno de rebelión dentro de la saga en la que los distritos oprimidos se oponen al Capitolio. Las hay con mejores o peores resoluciones, pero el sentimiento de injusticia que provoca el mundo ficcional se condice con la injusticia que se vive en el mundo real.

Nunca faltarán en la historia los jóvenes que tomen su inspiración del acervo provisto por quienes en el pasado lucharon por transformar el mundo. Francia es un país surcado por el cincel de la lucha de clases, por lo que los jóvenes franceses al mirar por sobre el hombro tienen a su alcance los ecos del Mayo Francés, La Comuna de París, la Revolución Francesa. Varios carteles en las movilizaciones hacían referencia, por ejemplo, al Mayo del ‘68, cuando jóvenes como ellos iniciaron una revuelta junto a la clase trabajadora y conmocionaron a toda Francia. La juventud siente– como afirmaba un cartel en las protestas evocando un lema del Mayo Francés– “un violento deseo de felicidad”.

La juventud interviene en la historia y, al hacerlo, reivindica de las viejas generaciones, no solo sus lemas, sino toda su valentía, su energía creadora, su entrega y deseo de transformarlo todo. Los estudiantes universitarios franceses, que también tomaron las universidades, fueron protagonistas de una escena que reafirma que un fantasma recorre el mundo: desde la terraza de la universidad, pintaron la fachada del edificio con la inscripción “Viva la Comuna” y lanzaron fuegos artificiales frente a una multitud que vitoreó a viva voz que la comuna vive.

La Comuna de París fue el primer gobierno obrero en la historia de la humanidad. Lejos de ser cuestión de historiadores, todo el que anhele la emancipación del ser humano encontrará una fuente de inspiración e inmenso respeto a la clase obrera en la experiencia de la comuna. Las escenas ficcionales palidecen ante las personas de carne y hueso: así, pocas imágenes están a la altura de las mujeres de la comuna que impidieron que el ejército de Thiers desarmara al pueblo de París el 18 de marzo de 1871. La Comuna de París dejó lecciones históricas para los revolucionarios, que rescatan libros clásicos como La guerra civil en Francia de Marx o El Estado y la Revolución de Lenin.

La burguesía no le perdonó a la clase obrera su pretensión de tomar el cielo por asalto. Fue brutal contra la Comuna. No solo asesinó a más de 30.000 comuneros y persiguió en el exilio a otros miles, también quiso grabar en la sociedad el olvido. Le hace gracia a la burguesía que la historia sea un telón de fondo del eterno presente al que quieren que nos sometamos. No hace mucho, a los pies del Muro de los Comuneros se ofrecían souvenirs y regalos de lo más banales: adrede era ignorado el lugar donde hallaron la muerte quienes supieron albergar las aspiraciones más altas de su tiempo.

Sin embargo, hoy los jóvenes franceses entretejen sus pasos con los caminos surcados por las viejas generaciones revolucionarias que los precedieron. No temen mirar al pasado para hacerse de las herramientas que necesitan para conquistar el porvenir. Tal es el caso que durante los acampes por el derecho a la vivienda, en España aumentaron más de 5.000% las búsquedas de El Manifiesto comunista. Si con la caída del muro de Berlín los defensores del capitalismo plantearon “el fin de la historia”, la Generación Z está demostrando que la historia está lejos de haberse terminado. Demuestran que con lo que hay que terminar es el capitalismo, por eso crece en todo el mundo la juventud anticapitalista.

En este lado del mundo, la juventud del ¡Ya Basta! no para de crecer y se templa ante los desafíos que plantea la lucha contra la extrema derecha y el ultracapitalismo del siglo XXI. Como parte de la clase trabajadora, quienes forman parte de la juventud anticapitalista son jóvenes que cargan con los pesares de un sistema que se pudre. Sin embargo, son también jóvenes que aman el mundo y al ser humano; que tienen pasiones y cosas que los conmueven hasta lo más profundo; que quieren realizarse y que cada uno pueda hacerlo. Les hierve la sangre ante las injusticias, la desigualdad y la mutilación de las potencialidades de las personas que este sistema perpetra cada día. Por eso, también son jóvenes que quieren conquistar el futuro.

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