
Ombliguismo popular
Ernesto Vega Haller
El Partido Popular está viviendo en su batalla particular, centra su estrategia y sus movimientos, pero esa batalla no es gobernar este país, son dos batallas una por el poder interno de su partido y otra contra Vox por conservar la parte más conservadora del voto de derechas de este país.
Para demostrar esta realidad basta con ver la actitud la actitud de Feijoo con los otros partidos y con la mayoría de los asuntos a debate de este país. En un sistema parlamentario como el nuestro y en el momento que vivimos los pactos son vitales, los gobiernos mono-color tardarán mucho en volver. Eso puede verlo cualquier persona que sepa algo de matemáticas y de política. Pero en lugar de tener una actitud dialogante, política, conciliadora y educada, el Partido Popular sale con dos piedras en la mano a cualquier partido que no se pliegue a sus postulados, ahora mismo solo Vox y CC podrían ser sus socios de gobierno, un aislamiento infantil y simplista. Lo peor es que trata de trasladar este aislamiento a sus votantes de cara a idealizarlos a toda costa, incluso por encima de la convivencia la sociedad de este país, diciéndoles el resto no son aceptables, somos los únicos. Una actitud casi suicida que solo se puede explicar desde el fanatismo más parcial o de una preocupación centrada en mantener un electorado que en gobernar.
Esta actitud no queda en su aislamiento ante el resto de fuerzas políticas sino ante cualquier debate que surge en la sociedad española, desde el salario mínimo al aborto pasando por los derechos laborales o la diversidad el señor Feijoo está siguiendo los pasos de Vox, mendigando su espacio político, con un terror a perder a su electorado superior a su legítimo interés en gobernar o legislar según sus ideas, no olvidemos que los partidos están creados para ello. Pero su fragilidad y su miedo les impide avanzar. Por lo que en el debate de quien manda en el Partido Popular si Feijoo o Ayuso u otro la respuesta es que manda Abascal.
Imaginemos un partido popular que mantuviera una la valentía de olvidar a la extrema derecha o de olvidar su lucha de poder interno, podría tomar una actitud de respeto y dialogo con otros partidos, podría tener una actitud más cercana a la realidad plural de la sociedad española, probablemente en las próximas elecciones no sólo atraería al voto que en este país cambia de sentido y reduciría la movilización del voto de izquierda, más activo frente al avance de los fascismos, sino que además las matemáticas por fin le darían alguna posibilidad de gobernar con acuerdos con partidos más cercanos a su línea ideológica. No es un panorama muy forzado es algo bastante posible. Pongamos por ejemplo que la actitud del Feijoo ante la corrupción del Partido Socialista hubiera sido más racional y su actitud hacía los partidos que apoyan al gobierno hubiera sido una propuesta humilde, negociadora y sensata de un gobierno o unas elecciones, pues seguramente Pedro Sánchez no hubiera tenido tan fácil mantener su gobierno.
Todo esto nace de un partido conservador que heredó su poder del franquismo y que no ha sabido madurar dentro de la democracia, que vino con el trabajo hecho y no ha sabido trabajar para crear un partido que represente los perfiles de derecha o conservadores de este país. Que a mitad de ese cambio le ha barrido la ola ultra conservadora mundial que le ha dejado a pie cambiado, a mitad de todo, con un paraguas electoral amplio que nunca se propuso cohesionar, el voto que va desde la extrema derecha hasta los movimientos ultra-liberales económicos. Cierto que existe una tendencia mundial donde se juntan todos los extremos más reaccionarios y conspiratorios, y que da lugar a gobiernos como el de Trump, pero España no es EEUU, la sociedad española es más diversa, culta y socialmente avanzada que la americana, lastrada por algunos estados más conservadores, tampoco el sistema electoral es el mismo, y eso cambia completamente el panorama.
Todo esto no es un consejo a Feijoo, es una crítica a la derecha española, a su realidad, a sus prioridades, donde no están en alto puesto la sociedad española sino sus intereses particulares. Con esa actitud que podríamos esperar de unas nuevas elecciones, pues una movilización frente a la extrema derecha, la movilización de los partidos que se sienten atacados y la imposibilidad de pactos llevaría al PP a seguir probablemente en la oposición o dar un gran volantazo para tener un gobierno frágil y complicado.
¿Y el electorado de derechas, liberal o conservador de este país? Pues algunos se niegan a ver la realidad y vivir en la añoranza de un tiempo que jamás existió salvo en su relato, otros se dejan llevar por las descerebradas corrientes internacionales, pero seguramente si tiene algo de sensatez debería preguntarse qué sentido tiene esta deriva de guerra constante contra todos, de sectarismo y de oposición constante e indiscriminada, sea lo que sea estoy en contra
Al final, lo que es evidente es que para el PP es mayor el miedo a perder parte de su electorado frente a la ultra-derecha o mantener cierta cohesión y control de poder interno que gobernar o incluso que cualquier intención de pensar en el bien de este país, su economía o en la convivencia de la ciudadanía. Algo muy patriota, muy democrático, muy responsable, muy honrado y muy maduro ¿No?


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