
El Español no sabe vivir en democracia... ¿O si?
Sergio Santana Santana
Mes a mes, semana a semana, día a día, escuchamos el mismo mensaje: España no tiene estabilidad, el gobierno es débil, la política es un caos. Se repite como un mantra por parte de políticos y medios, alimentando una ansiedad colectiva que parece tener un único antídoto milagroso: la mayoría absoluta. Pero, ¿realmente anhelamos democracia o solo la pantomima que nos lleva, cada cuatro años, a nombrar a un «tirano temporal»?
La paradoja es profunda. Se critica la falta de estabilidad de los gobiernos de coalición o minoritarios, pero se idealiza un modelo de poder concentrado, un liderazgo fuerte que, bajo el disfraz de la eficacia, despoja a la política de su esencia: el debate, la negociación, la búsqueda de consensos que reflejen la diversidad de una sociedad. Se añora, en el fondo, la figura del turannos de la Grecia clásica, aquel que era nombrado en tiempos de crisis con apoyo popular para actuar con mano firma, al margen de las leyes. Hoy, ese mismo impulso se canaliza a través de las urnas, deseando una mayoría parlamentaria artificial que otorgue poder ilimitado a un solo partido y, sobre todo, a un solo líder.
Este anhelo no es inocente. Refleja un desprecio profundo por los mecanismos de la democracia cotidiana. Se reduce todo el sistema a un acto ritual cada cuatro años, donde el votante-deposita-su-voto-y-se-olvida. Lo que ocurre después –el diálogo, la rendición de cuentas, la construcción de acuerdos– se considera un estorbo, una señal de debilidad. El debate público es devorado por el insulto y la descalificación, un espectáculo que entretiene y enfanga, pero que no construye. El votante, convertido en soldado leal de su tribu, delega ciegamente en un líder nacional cuyos diputados, supuestos representantes de su provincia, callan y obedecen, eclipsados por la figura central. La discrepancia se castiga, la lealtad se premia, y la política se vacía de pensamiento plural.
Se nos olvida que la ley electoral, tal y como está diseñada, genera mayorías artificiales que no representan la voluntad mayoritaria del país. Se nos olvida que la estabilidad democrática no es sinónimo de monopolio del poder, sino de la capacidad de gestionar la diferencia con respeto e inteligencia. La verdadera democracia se vive y se teje cada día en el espacio público, en la discusión de ideas, en la fiscalización constante, en el reconocimiento del otro como adversario legítimo, no como enemigo al que aniquilar.
El riesgo no es abstracto. Al venerar la figura del líder fuerte y despreciar los pactos, estamos pavimentando el camino hacia una dictadura de nuevo cuño. Una que no necesitará tanques en la calle, sino solo urnas llenas de votos ignorantes, manipulados por mensajes simples que apelan al miedo y al instinto más bajo. Votos que, creyendo buscar orden, entregan un cheque en blanco al autoritarismo.
Los ciudadanos tenemos una elección fundamental que trasciende el voto a un partido: debemos decidir si queremos habitar una democracia real, imperfecta y exigente, o preferimos resignarnos a sucesivas pequeñas dictaduras temporales, cómodas en su simplicidad pero devastadoras en sus consecuencias. Nuestro voto, cuando es consciente y crítico, es el arma más poderosa contra los aspirantes a déspotas. No es un instrumento para coronar reyes por cuatro años, sino la primera línea de defensa de la libertad.
La democracia, como bien se apunta al final del texto, es un sistema ideal para las buenas personas. Pero exige, sobre todo, ciudadanos buenos: informados, vigilantes, valientes y comprometidos con la difícil pero noble tarea de vivir en libertad, juntos.



Los drones, armas teledirigidas que diezman a civiles y cambian las guerras actuales

La delgada cornisa sobre la que caminan las COP climáticas

Unidad desde la base: la receta para una democracia progresista sin liderazgos eternos






Cómo la llegada de Robert F. Kennedy Jr. ha sacudido el sistema de salud pública en EE. UU.

Veneno que cura, veneno que mata.


La Ley Wagner y la sindicación de los trabajadores

El PSOE exige al PP que vote a favor del Decreto del escudo social para paliar los efectos de la guerra de Irán: "Es un Decreto que ayuda a la gente, no cabe el interés partidista"



