
Una interpretación socialista sobre la prostitución femenina en el XIX

Presentamos en este artículo una interpretación socialista sobre la prostitución en 1887, según se publicó en El Socialista en enero de ese año, concretamente en el número del día 7.
La prostitución no sería una característica de un sistema político o religioso determinados, sino que sería un producto del régimen burgués. Mientras subsistiese el mismo crecería la prostitución, pudiendo llegar a convertir las ciudades en “inmensos lupanares”.
La prostitución en España, como en otros países en los que el desequilibrio económico va acentuando sus efectos, estaba aumentando. Según la interpretación marxista de la división de la sociedad en clases, entre explotadores y explotados, necesariamente los débiles serían las víctimas sacrificadas a los vicios y apetitos de los primeros, de los fuertes.
Esta interpretación era contraria a la tradicional que incidía en los aspectos morales y religiosos de la prostitución, es decir, en la teoría de que ésta existía por la falta de creencias religiosas o por deficiencias de la educación.
En el régimen capitalista condenaba a la mujer porque, ¿qué medios de vida se ponía a su disposición? Se argumentaba que el matrimonio y el trabajo, pero la explotación capitalista hacia cada día más difícil la existencia de la familia obrera. No podía subsistir con la reducción e inseguridad de los salarios. Muchas mujeres, según esta interpretación, tendrían cerradas las puertas del matrimonio porque el celibato se imponía ante la imposibilidad de sacar adelante una familia. Su salida, por lo tanto, sería el trabajo en una fábrica o taller, pero allí estaría sometida a jornadas de hasta doce horas, y con salarios miserables.
Así pues, dificultando el matrimonio proletario y reduciendo el salario femenino, la mujer, “tras titánico combate con atroces privaciones”, caía en la prostitución, es decir, se convertía en la única salida para sobrevivir. La prostitución era considerada en esta visión como un cáncer, que solamente se extirparía en la sociedad final después de que se alcanzase la emancipación obrera, donde la mujer estaría en igualdad económica con el hombre, garantizada, por lo tanto, su existencia.


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