
A la izquierda (II). Cuando empezar.
Salvador J. Suárez Martín
Crear un frente común a la extrema derecha no debería ser un problema exclusivo de las izquierdas debería ser un problema de cualquiera que crea en la democracia, en los derechos humanos, en las leyes o simplemente tenga un poco de empatía humana. Pero es evidente que la primera baja de esta crisis de pensamiento han sido las derechas democráticas y similares, la extrema derecha los ha devorado.
Si de adolescente nos sorprendía en historia como la humanidad cayó en la edad media tras la civilización clásica o como Europa se dejó arrastrar por los fascismos contemplarlo en directo parece que nos deja apáticos. Quizás, dentro de décadas, ojos de estudiantes miraran con la misma sorpresa como dejamos que volviéramos a épocas oscuras con tanta tranquilidad, con el agravante de ser una situación repetida.
Ante esta apatía general y la derrota de las derechas más moderadas la solución no es aceptar que si la derecha se ha pasado a la extrema derecha la izquierda deba pasarse al centro o a la extrema izquierda. La izquierda en sus diferentes variantes debe y puede mantener su diversidad, pero si debe pasar a priorizar, ante sus debates, abanderar la lucha contra ideologías que no solo atentan contra cualquier política de izquierda, si que atacan cualquier idea democrática y humana.
La lucha debe ser de toda la sociedad y la ciudadanía, pero la responsabilidad de encabezar políticamente esta lucha va a recaer en los partidos de izquierda y para eso la unión de los partidos de izquierda en frentes comunes es imprescindible. Primero una unión en acuerdos y puntos comunes claros, la defensa de los derechos humanos, del respeto a la diversidad, la lucha por el feminismo y la defensa del medio ambiente, la lucha contra el racismo o un estado solidario y social, debe ser indiscutible. Segundo una unión electoral que movilice el voto antifascista, que evite el derroche y pérdida de votos, que motive y habrá los ojos a una sociedad pasiva que parece olvidar lo que realmente significa la libertad o la democracia y la confunde con volver a la ley del más fuerte o en este caso el más rico.
Es también importante que estos movimientos no sean a prisa, queda mucho para hablar de alianzas electorales en los partidos con más representación, pero si hay que comenzar a trabajar a identificar que el verdadero enemigo son los partidos que atentan contra la democracia y contra los mismos derechos humanos. Y también hay que comenzar a hacer confluir la gran cantidad de partidos progresistas que no logran, o apenas, representación. Los sistemas electorales pueden hacer que un concejal más un concejal sean tres concejales. Y lograr que partidos de ámbito exclusivamente local deriven su electorado en ámbitos superiores a partidos que puedan defender sus valores en esos niveles.
Ya es momento de empezar, alguien deberá coger la bandera de la solidaridad, la empatía, la igualdad, la humanidad, la justicia social… y hacer entender que antes las diferencias en como defender los derechos y cuales son más importantes hay un frente que tiene muy claro que derecho quiere quitarnos, están fuertes, están unidos y orgullosos en su miseria moral y no van a esperar a que nos organicemos ni piedad si gobiernan.
Con un trabajo bien hecho y las ideas claras, empezando desde ya podemos tener una oportunidad de no vernos obligados en el futuro a explicarles a nuestros nietos como dejamos que ocurriera.
Y no, no todos los partidos políticos son iguales, algunos son peores, mucho peores.


Una nueva forma de vivir el patrimonio cultural español.








Verdad, justicia y reparación: el valor democrático de Tefía

Una nueva forma de vivir el patrimonio cultural español.







