
SOCIALDEMOCRACIA, GERENTE DEL CAPITAL (Y 4)

Las guerras se van preparando con antelación mediante la creación de esas condiciones que no son otras que posiciones belicistas, de rearme, de agresiones a otros países, de alianzas o ententes que sujetan a las partes firmantes ante la agresión a una de ellas involucrando al resto (¿suena de algo como OTAN, y no se había creado?), incluso la fabricación del relato y el enemigo para que ello pudiera llevar a consolidar determinadas posiciones imperialistas o coloniales. Este esquema de abajo es ilustrativo de esas causas pero que, ciertamente, tuvo la complicidad de operadores políticos ubicados en el espectro sociológico de la izquierda de entonces que, a su vez, decía representar los intereses de la clase obrera o trabajadora. Determinados partidos (socialdemócratas) se posicionaron, cerraron filas, con sus gobiernos, alegando lo que ha venido en llamarse el “defensismo” frente a una corriente (la marxista revolucionaria) apostando por una política anti belicista y, por tanto, antiimperialista.
Esto conllevó, ciertamente, la ruptura de la Segunda Internacional que dio paso a la I Internacional Comunista o III Internacional (a secas). La historia debiéramos recordarla para no repetir errores pero parece que la tendencia no es esa, la pertinacia humana en la necedad es inaudita. A día de hoy estamos en un escenario de máxima tensión internacional que se distribuye en varios frentes, y ante eso gobiernos de ese “color” socialdemócrata apuestan, una vez más, por el rearme y por seguir las órdenes emanadas del imperio (estadounidense al caso). Es el caso concreto de España que mantiene la doble vía de la retórica no belicista, de un lado, pero por otro lado provoca el mayor gasto militar de la historia reciente de España en términos absolutos comprando armas al hegemón yankee, al estado terrorista de Israel. La guerra de Ucrania con Rusia es el laboratorio de ese clima inyectando cantidad ingente de recursos a Ucrania, en lugar de apostar por la vía diplomática que hubiese evitado miles de muertes de gente que, probablemente, no quisiera ir a esa guerra, provocando la ruptura de relaciones comerciales con Rusia de quien, el conjunto de Europa, dependía de petróleo y gas lo que hizo que se encareciera rápidamente, a través también de mecanismos especulativos, la cesta de la compra y a la vida de millones de hogares de la clase trabajadora.
La socialdemocracia europea, una vez más, apuesta por seguir la senda estúpida de la Segunda Internacional pero, eso sí, clamando pacifismo hipócrita. Si la I Guerra Mundial, tanto en su fase previa como posterior, trajo el ascenso de las posiciones fascistas y nazis -debido también a esa visión miope defensista- la guerra de Ucrania está reforzando el discurso de la extrema derecha en el continente, en un continente incapaz de mantener una lógica de cooperación, diplomacia, arbitraje y autonomía frente al faro reaccionario que es, a día de hoy, el trumpismo irradiador desde los EEUU. Los comunistas y los socialistas no revisionistas fueron beligerantes con estas posiciones y consecuentes en su apuesta por no apoyar ningún tipo de conflicto armado porque su visión era la de la solidaridad internacional, la posición de clase obrera. Una guerra siempre la hacen las élites y las pagan el conjunto del pueblo. Atajar, pues, ese sentido de democracia alentado por la corriente revisionista socialdemócrata está claro que era el camino a seguir visto el resultado.
Escenario previo al estallido de la I Guerra Mundial
Condiciones políticas

Condiciones sociales

En conjunto, la combinación de alianzas inflexibles, rivalidades territoriales, carrera armamentista, tensiones imperialistas y una atmósfera social cargada de nacionalismo y conflictos internos creó un entorno donde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo (28 junio 1914) fue suficiente para desencadenar una guerra multilateral. Un atentado que no fue la obra de un loco o lobo solitario, sino el fruto de una preparación meticulosa, de una operación nacionalista respaldada por sectores del Estado serbio que se oponía frontalmente a la presencia austro-húngara en Bosnia-Herzegovina así como apoyar a la unificación de los pueblos eslavos del sur (serbios, croatas, eslovenos y bosnios). Fue el detonante de una mecha que llevaba encendida mucho tiempo.
Una vez contemplado el escenario pre- bélico y mencionado a los actores cómplices, desde la orilla izquierda del río revuelto, toca -por tanto- señalar cuáles fueron esas organizaciones socialdemócratas europeas y belicistas en el contexto que estamos describiendo, y que expongo en este esquema
Organizaciones socialdemócratas belicistas



En todos los casos, la línea reformista continuó dentro de los partidos socialdemócratas originales, mientras que los sectores anti-guerra y revolucionarios se integraron a la I Internacional Comunista (Comintern) o formaron partidos comunistas nacionales.
Cualquier relato contrario a los hechos reales son pura farsa. En Europa, los partidos comunistas de Francia, Alemania, Italia y GB (por sus siglas PCF, KPD, PCI, CPGB) surgen de una posición anti belicista derivado de una conciencia internacionalista solidaria y de clase. Sin embargo hay un dato demoledor respecto al PSI (Partido Socialista de Italia), y es que una parte de sus bases aguerridas, pro belicistas se escinden promoviendo el PSU (Partido Socialista Unitario) del que, asimismo, surgen nuevas escisiones en las que una parte migra -bajo el signo del desencanto- hacia la corriente del PCI (anti belicista) y otra, minoritaria, abraza el fascismo. La más nacionalista y belicista. Esto es lo que, tradicionalmente, ha venido ocurriendo con la socialdemocracia. Política institucionalizada en la que en la práctica jamás se llegará al socialismo a través de los mecanismos dominados por el liberalismo. Por algo es democracia liberal, y el conjunto de la socialdemocracia ha abrazado este postulado de no tocar lo esencial para que parezca que algo se hace. Las élites siguen mandando, acumulando riqueza y, por tanto, desigualdades. En su ADN no está, por lo que se ve, el pacifismo activo más allá de la retórica de un charlatán de feria. Esto ha sido la tradición europea y sigue siéndola, por desgracia para muchos millones de personas. Podríamos estar escribiendo incontables páginas de los aparentes éxitos, pero mucho más de las traiciones y las consecuencias que han tenido para la ciudadanía. La historia es una ciencia de la verdad de hechos, no del triunfo de los relatos.




CCOO Canarias prepara una manifestación con posterior asamblea el próximo 21 de mayo en Las Palmas de Gran Canaria a la que han sido convocadas personas trabajadoras de todos los sectores e islas.
Unai Sordo y Vanesa Frahija


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