
El cainismo justificado y sus consecuencias injustas.
Salvador J. Suárez MartínDe los muchos mitos y reproches sistematizados a la izquierda uno de los más recurrentes es su cainismo interno, sus luchas constantes, su tendencia a la atomización. Gran parte de este estigma es cierto, sucio y doloroso, pero cierto. Otra parte es completamente falso y magnificado, pero lo duro sigue siendo que parte grande es real.
No me refiero a los ataques personales o a la tendencia de los partidos de izquierda a valorar más a los colaboradores externos o sin principios que las personas que se parten en alma colaborando, tampoco a los nulos esfuerzos de los partidos de izquierda de valorar o formar sus bases, incluso llegando el caso de ser el peor de los pecados estar en el mismo partido y no opinar igual en todo. Me refiero al cainismo entre todas las izquierdas, entre los partidos, organizaciones y foros de izquierda entre ellos.
Esta lucha constante entre partidos de izquierda, las escisiones, divisiones, reproches, … No son un capricho tienen multitud de causas, unas naturales y otras perversas.
Las buenas, son intrínsecas del sistema bipolar ideológico que hemos creado, izquierdas y derechas, y cada día más se etiqueta de izquierdas a todo lo que no sea casi dictatorial. La obsesión por mover lo que se identifica como el centro, ha hecho que ese punto como tal sea una línea muy fina. Con el auge de las extremas derechas y los planteamientos neoliberales extremos casi cualquier concepto medianamente no extremo de derecha es de izquierda radical. Un ejemplo claro es la vivienda, cualquier intento de regular o hablar sobre el acaparamiento de vivienda en manos de unas pocas manos no se admite como debate, es directamente un planteamiento de izquierdas radical. Todo eso hace que el cajón de la izquierda sea tan amplio que sea muy difícil concretar un proyecto, demasiadas ideas. La otra gran razón es la naturaleza misma del planteamiento de izquierda, una búsqueda de formulas para mejorar la vida de todos y hacer este mundo algo más justo, el planteamiento de la derecha se ha ido resumiendo con el tiempo en dejarse llevar y confiar en la tradición, la mano de dios, la mano invisible de la economía o en los instintos más primarios (machismo, racismo, conservadorismo extremo). Con estas razones en cuenta, todo lo que queda es definirse y con ello la división. Hay más razones, pero estas dos son fundamentales.
Las malas son las menores, pero son las más tristes, y también pueden destacarse dos. La primera los egos, grandes y numerosos, especialmente entre los líderes, pero también en las bases. Y por otro esa manía, algo esperpéntica, de medirse las izquierdas. Desde que dos personas que se definen de izquierdas se juntan a hablar nace un insano instinto de ver hasta que punto es de izquierda cada uno, a ver dónde están sus límites, casi buscando de forma enfermiza que les separa y define más que lo que puede unirles y cooperar.
Todas estas causas traen consigo una consecuencia añadida, que son las numerosas fricciones y afrentas (reales o ficticias, medidas o magnificadas) que se van acumulado e incluso creciendo en una ola de rencor y venganzas. Se podría decir que si se tiene más roces con quien se convive en la política puede pasar igual, pero esto debería ser superable en momentos necesarios.
Este problema justificado por causas lógicas o causas absurdas trae una consecuencia terriblemente injusta y espantosamente grave. Peor incluso que la fragmentación del voto en diferentes partidos, es el daño que se hacen unos a otros. En campaña y fuera de ella, los dardos y ataques que más daño hacen a una opción política son los de su espectro político, que vienen por rencillas o en un afán por robar espacio y captar supuestamente voto cercano. Lo único que consiguen es una multitud de electorado cansado que termina por no ir a votar.
Hoy en día nos encontramos en uno de esos momentos necesarios, un punto de urgente humanidad y sentido común. Nos encontramos en un momento donde ser de extrema derecha se ha convertido en algo de lo que presumir. La práctica desaparición de la derecha democrática moderada ha convertido políticas tibias de justicia social en supuestas revoluciones bolcheviques. En resumen, estamos en un momento en el que, si no tenemos la suficiente frialdad, inteligencia y visión para superar todas estas razones de discordia y diferencia, todas y todos vamos a sufrir, no solamente las personas de izquierda, sino las más vulnerables, las que quieran vivir su vida libremente sin ceñirse a los cánones de las supuestas tradiciones obligatorias o las que simplemente no estén en la cima de esa pirámide alimentaria selvática y económica que quieren deificar. En resumen, una situación en la que con causas o sin ellas, podemos perder muchísimo y quizás sin retorno. Destruir es fácil, perder derechos también, construir o crear es más complicado, hacer este mundo un poco más justo paso a paso incluso más complicado, duro y costoso. Si no somos capaces de superar estas limitaciones y afrontar con valentía y sacrificio lo que ya está aquí pronto solo nos quedará avergonzarnos de las causas y asumir las consecuencias.


Una copa romana hallada en Soria revela un ‘souvenir’ del siglo II procedente del Muro de Adriano

Fernando Garrido Tortosa en el socialismo premarxista español

Fajarse por Canarias

LA IA, LA VERDAD Y EL FUTURO DEL PERIODISMO EN UNA ENCÍCLICA.



Periodista, abogado y analista político

Los alto el fuego de EEUU e Israel: ustedes cesan, nosotros disparamos


Fajarse por Canarias


Fernando Garrido Tortosa en el socialismo premarxista español

Exposición "Para que podamos vivir"

No se puede tragar una aguja, por pequeña que sea: El escultor de la resistencia en Okinawa






