
Marruecos y su relato
Ernesto Vega HallerEl gobierno marroquí funciona como una dictadura, esta afirmación no nace de analizar sus estructuras políticas, no es un estudio de su sistema legal, es una reflexión sobre cómo actúa este gobierno de cara a su ciudadanía.
Esta afirmación nace de como vende la realidad a su población. A las clases altas y elites les vende la imagen de la gran marruecos, una lista de objetivos ambiciosos de cara un futuro utópico. A las clases más desfavorecidas le da las migajas del enemigo externo, ante su incapacidad de ofrecer futuro a una población joven que parece haberse rendido a buscar cambios en su país el planteamiento de la amenaza externa funciona.
En lugar de un plan de modernización, progreso y bienestar es más sencillo vender un sueño donde todos los problemas se solucionarán cuando logran una lista de hitos territoriales, un espacio vital (Sahara, Ceuta, Melilla, Canarias, territorios en Mali, Argelia o Mauritania,.. prácticamente con todos sus vecinos) que solucionarían mágicamente todos sus problemas. Una situación ideal a la que se oponen con todas sus fuerzas el resto del mundo, no por intereses propios, sino por un supuesto odio al crecimiento de Marruecos. Y así mientras olvidan el futuro de sus generaciones más jóvenes venden por ese plan el verdadero desarrollo de su pueblo.
Es por eso que fracasa la diplomacia española y europea, no tratan con un gobierno que busque mejoras para su población sino con un gobierno que busca argumentar una idea. Eso cambia muchas cosas, la forma de relacionarse o negociar es completamente diferente y es preocupante que tanto experto no sea capaz de verlo, ni haberlo visto.
Se puede ver este error en la estrategia muy claramente en el caso del Sahara, puede que algunos de los defensores de la integración del Sahara dentro de Marruecos lo piensen desde la mejor de las intenciones como una forma de solucionar, aunque sea de una forma algo injusta un problema eternizado en el tiempo, y tendría lógica con un gobierno diferente pero para Marruecos solo significa que para mantener su relato debe pasar al siguiente punto de la lista, conseguido el Sahara debe pasar a la siguiente supuesta lucha o exigencia que el malvado exterior que le impide lograr a su meta.
Por todo ello Marruecos enfoca sus negociaciones no como un ganamos todos, sino desde el desafío y la rivalidad, se arma no de argumentos sino de herramientas. La inmigración, la estabilidad de la zona o sus alianzas, utiliza todo esto no como una forma de ganar valor como socio sino como artefacto arrojadizo. Su planteamiento agresivo de las relaciones internacionales es inseparable de la justificación de la falta de mejoras en la vida diaria o los problemas cotidianos. Salvando las distancias, le funciona muy bien a sus socios actuales EEUU e Israel, el planteamiento es infantil pero fácil de vender, no tenemos mejor vida porque el gobierno lo haga mal, sino que todo irá bien cuando nuestros supuestos enemigos exteriores nos den lo que es nuestro o estén seguros de nuestra fuerza. Un planteamiento anticuado y simple pero fácil de poner en marcha.
Todo esto no significa que Marruecos sea un enemigo, en todo caso el gobierno marroquí es enemigo de su propio pueblo, pero si significa que las relaciones deben enfocarse teniendo en cuenta la visión de con quien debes negociar.
El gobierno marroquí no es un buen vecino, su poder se basa en no serlo, tiene un plan y una estrategia. Además, tiene socios para llevarlo a cabo, mejores socios de los que tiene España, Mauritania o Argelia (recordar que el problema no es solo con España). Eso no significa que esto sea lo que conviene a la población marroquí pero sí que o España crea una estrategia más allá de partidos o esta condenada a perder siempre. Quizás es tarde para solucionarlo fácilmente, algo que debió haber solucionado España desde mitad del siglo XX, la condescendencia de la dictadura franquista y la falta de atención por parte de los gobiernos democráticos del siglo XX obligará a los próximos gobiernos, deberán poner los codos en trazar una estrategia que no pase por menospreciar o ignorar las ambiciones del país vecino. Sin hostilidad, pero con pragmatismo y asertividad, España debe entender que mientras Marruecos siga basando su realidad en una demanda sin fin, el gobierno marroquí, cual adicto que necesita aumentar la dosis, necesitará exigir más de su plan para poder desviar la atención de su estancamiento.

Ceder en las pretensiones marroquíes sobre el Sahara no ha servido para buscar una solución a la zona, sino para confirmar más el plan de su gobierno, los acuerdos comerciales con marruecos no han servido para crear un socio comercial estable o para mejorar la vida de las personas que viven en ese país, todo esto solo han sido alimentar las ambiciones de un gigante con gula, que siempre necesita pedir más, ha obligado al gobierno de Marruecos a pasar a su nueva exigencia y así será mientras el gobierno marroquí tenga continuidad o mientras los países europeos (especialmente España) no pase a negociar de una forma diferente.


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