
Con la nostalgia del pasado

Recién recuperada las libertades, después de la larga dictadura franquista, se disuelve la AISS (Sindicato Vertical), se recupera la libertad sindical y se legalizan a las organizaciones sindicales (Abril/1977).
En aquellos momentos iniciales, aunque, produciéndose un boom en la afiliación, los sindicatos de clase necesitaban darse a conocer entre los trabajadores y ante la sociedad, había que quitar miedos, temores y “san benitos” colgados por el franquismo. Unas cuantas generaciones no conocían otro modelo sindical que el sindicato vertical creado a imagen y semejanza del régimen.
UGT, se financiaba exclusivamente de las cuotas de los afiliados, la venta de materiales de propaganda: llaveros, mecheros, insignias, camisetas, etc., lo que hoy conocemos como “merchandising” y los recursos que lograse con la venta de loterías y otros y, por supuesto…. mucha, mucha militancia.
Cualquier motivo era bueno para dar a conocer nuestras proclamas de libertad, igualdad y justicia social, a la vez que hacíamos equilibrios para apuntalar un sistema democrático que gozaba de muchos enemigos, nostálgicos del régimen, que se negaban a reconocer que aquello era un proceso imparable y que la sociedad se impregnaba de complicidad en la consecución de la tan anhelada convivencia en libertad.
En este sentido, las Fiestas de San Ginés se convertían en el escaparate perfecto. Las Fiestas de aquella época eran algo grandioso, toda la isla pasaba por ellas. Duraban casi un mes, y al programa de actos lúdicos, festivos, culturales y religiosos, se unía una inmensa feria de atracciones que hacían las delicias de los chinijos y no tan chinijos y le daban vuelta al bolsillo de sus padres. Junto a las atracciones de feria se montaba un amplio despliegue de ventorrillos que llenaban las Avenidas Coll y Vargas, en las inmediaciones del puente de las bolas, posteriormente desplazados hasta el Parque del Generalísimo - hoy José Ramírez Cerdá- donde no solo te echabas unos tragos de buen vino conejero, sino que podías disfrutar de unos buenos pejines de “majuga” o “arañas” secas, carne de cochino en abobo, ropa vieja, pulpos ….. y si se terciaba, también podrías encontrarte con una buena parranda. Las parrandas surgían de forma espontánea, no sé de dónde, pero en cuando algunos se calentaban el pico, de repente aparecían timples y “cantaores tapaos” que se arrancaban por Folías, Isas y Malagueñas.
Así las cosas, las Fiestas de San Ginés eran el foro perfecto para ejercer una acción publicitaria de dar a conocer el Sindicato y una oportunidad para recaudar recursos económicos. Por eso, los dirigentes de aquella época no dudaron en montar durante unos cuantos años el “Ventorrillo de UGT.”
El ventorrillo se sacaba adelante con la militancia, todos aportaban algo, el que no sabía poner copas, servía para recibir a los proveedores o ir a comprar el hielo a la Rocar, o fregar vasos y platos, etc.
No es por nada, pero el ventorrillo de UGT estaba atendido por verdaderos profesionales, gentes de la Hostelería, entre otros, por afiliados del Hotel Las Salinas, Hotel Lancelot, Hotel San Antonio…. Adolfo Soltero, Alfredo González, José Manuel Gutiérrez, Pedro Pozuelo, Manolo Yanez, Antonio Álvarez, etc. Compañeros de otras actividades como Santiago Hernández, Gilberto Ramos, Ginés Hernández, Jesús García, Jesús Betancort, Joaquín Caraballo, Pepe Borgés, etc.
Teníamos al mejor cocinero en el compañero Juan Ruiz, viejo militante socialista que, como buen gaditano, tenía en extraordinario sentido del humor. Él se encargaba de elaborar y preparar las comidas típicas de ventorrillo. Solía venir al ventorrillo a última hora de la noche, y cuando veía la cosa floja me decía: “Barrios, calienta bien el aceite y échale un par de cucharas de adobo”, el resultado era milagroso, aquellos olores atraían a la gente en busca de la carne de cochino que tantos olores desprendía por todo el recinto ferial.
Acabadas las fiestas, tocaba la recogida y entrega de todos los enseres que se utilizaban, la mayoría prestados por compañeros y otra poca propiedad del sindicato que se limpiaban y guardaban hasta el año siguiente. Uno de los días de recogida, en la sede de UGT de la Calle Figueroa, 17, acabada la faena, mientras los compañeros que participamos dábamos buena cuenta de unas cervezas y media pata de cochino que había sobrado, cuál no sería nuestra sorpresa cuando por la puerta asoman Agustín Torres, secretario general del PSOE en Lanzarote, y Alfonso Guerra, vicesecretario general del PSOE, no lo dudó ni un momento y se unió a nuestro enyesque. Como se diría ahora” que momentazo”. Alfonso, que estaba en Lanzarote recluido, como solía hacerlo muchas veces, en los Bungalows de los noruegos en la Playa de Famara, participaba al día siguiente en un mitin que el PSOE había organizado en el Cine Atlántida de Arrecife. Durante el enyesque, Alfonso nos lanza un reto: “si uds. llenan mañana el cine, yo les garantizo aplausos cada dos minutos”.
Fue el mejor mitin al que jamás había asistido, un orador extraordinario con unas ideas clarísimas y ante un aforo a reventar que se lo metió en el bolsillo nada más subir al escenario.
Miguel A. Barrios Miralles
Exsecretario General de UGT-LANZAROTE
Exsecretario de Organización de UGT-CANARIAS



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