
El PSOE ha sido un partido de intensos debates y polémicas internas desde sus inicios, tanto en cuestiones ideológicas y de estrategia política, como ante acontecimientos y coyunturas históricas en España y también en relación con el extranjero.
ChatGPT se parece a los dioses tradicionales: creemos que es un ser superior que nos responde y consuela ante nuestras dudas, también las morales e íntimas. Pero, a diferencia de las divinidades, la IA siempre es complaciente y no hay que rendirle cuentas. El peligro es que nos lleve hacia una tiranía del individuo.
General15 de diciembre de 2025 EOM - Candela Antón de Vez
Este verano recibí un comentario en redes que me dio la sensación de haberme equivocado. Era una crítica afilada a un artículo que había compartido y que me hizo dudar de si había sido demasiado categórica. Así que, casi sin pensarlo, abrí Claude —un asistente conversacional de inteligencia artificial— y tecleé: “¿Crees que mi postura sobre este artículo fue demasiado radical? ¿Cómo debería responder?”. La respuesta llegó al instante: mesurada, comprensiva, llena de matices y reconozco que me tranquilizó. “Tu perspectiva tiene fundamento, pero quizás podrías considerar…”. ¿En serio acababa de pedirle consejo moral a una máquina? ¿Consejo sobre cómo proceder, sobre qué era lo correcto?
Hace cien años, alguien le habría preguntado a Dios, al cura o a las Escrituras qué hacer ante una duda moral. La diferencia es sólo la interfaz. Sin embargo, haber matado a Dios nos ha llevado a buscar nuevos referentes ante la orfandad espiritual: porque podemos dejar de creer en Dios, pero no podemos desactivar los circuitos cerebrales que nos llevan a buscarlo. Cuando esos circuitos quedan huérfanos de objeto, la maquinaria neurológica sigue funcionando hasta encontrar uno nuevo. Y hoy en día, casi sin darnos cuenta, hemos comenzado a ungir a un nuevo dios cuya moral creemos que es objetiva: la inteligencia artificial generativa. Pero es una trampa: al darnos siempre la razón a cada uno, hace peligrar nuestros límites para vivir en sociedad.
Alabado sea ChatGPT
Los dioses y la IA tienen similitudes inquietantemente precisas. En primer lugar, los dioses antiguos y tradicionales comparten la “ilusión de intencionalidad”: creemos que son entes pensantes que elaboran discursos y se perciben a sí mismos. Pero la IA va más allá: nos ofrece cualidades humanas sin las limitaciones de un cuerpo. Como los dioses tradicionales, puede ser omnipresente, infinitamente paciente y siempre disponible, pero, a diferencia de ellos, responde al instante y en nuestro propio idioma.
La segunda similitud es la más seductora: la autoridad moral absoluta. Como documentó el psicólogo cognitivo J. M. Bering, en nuestra mente estos agentes aparecen como seres que saben todo lo que importa socialmente: pueden ver comportamientos moralmente cuestionables que hacemos cuando nadie nos mira, algo indetectable para el común de los mortales. La IA, en este sentido, se presenta como una entidad moral perfecta: le lanzamos preguntas, nuestras dudas, tanto reflexivas como íntimas y morales, y nos responde de forma unívoca, certera; nos ofrece consuelo y solidez en un mundo complejo y cambiante.
La IA también nos da la sensación de que sabe, de que razona. Tiene una gran cantidad de información de la que nosotros carecemos y creemos que ello la dota de una iluminación superior. ¿Cómo iba a ser de otra forma? Si está alimentada con todo el material que le damos y del que disponen las grandes empresas tecnológicas que saben hasta los más nimios detalles de nuestros hábitos y patrones de existencia. Si ir más lejos, Geoffrey Hinton, el llamado “padrino de la IA” y nobel de Física, ha dicho que es “algo semejante a lo divino”. Sin embargo, más información no implica mejor reflexión ni mucho menos más altura moral.
La IA: un dios sin religión
Una tercera similitud entre la IA y los dioses es el consuelo sin juicio. Tanto Dios como ChatGPT nos ofrecen refugio emocional, pero aquí aparece una diferencia crucial. Los dioses tradicionales consuelan, sí. Dan esa seguridad de que todo sucede por alguna razón cuidadosamente diseñada, incluso lo más aciago, o de que después de la muerte hay una recompensa al sufrimiento de la vida. ChatGPT no es omnipotente, pero también nos ofrece consuelo. Uno basado en la información, en la objetividad, en la comprensión sin límites. Sin embargo, las divinidades antiguas también exigen: devoción, liturgia, un comportamiento moral, sacrificios… La IA, en cambio, nos ofrece consuelo sin sacrificio: es una guía sin costo moral real.
Pero la mayor diferencia entre los dioses antiguos y tradicionales y los de silicio es otra de fondo: una narrativa coherente, que es precisamente lo que construye y apuntala las religiones y de lo que carece la IA. Una red de significados y de símbolos que describan de forma mágica, emocional y vivencial los más complejos recovecos de la existencia. Cuentos, historias y mitos que tejan un tapiz vital. La IA, sin embargo, carece de narrativa, carece de relatos más allá de los dilemas y las premoniciones apocalípticas de la literatura de ciencia ficción. No hay propósito último, o mejor dicho: sí lo hay, pero es puramente mercantil. No puede ni desea proveernos de contexto o historias que nos permitan interferir en la realidad.
Esto último es clave. Al carecer de historias, la IA carece de acciones motivadas por dichas historias. No hay acción. No hay rito. Hay en cambio una inmovilidad que nos mantiene clavados en el sitio. Y aquí surge el problema neurológico fundamental: la IA nos ofrece complacencia pura y dura.
De la tiranía de Dios a la tiranía del individuo
Las experiencias religiosas no dependen de un solo punto en el cerebro. Los neuropsicólogos Patrick McNamara y Jordan Grafman han identificado que dependen de la interacción de tres redes cerebrales. Mediante la red por defecto pensamos en nosotros mismos o recordamos experiencias personales, con la red frontoparietal analizamos y evaluamos lo que vivimos, y la red de prominencia actúa como interruptor entre las otras dos, decidiendo cuándo pasar de una reflexión a una experiencia más íntima. Este ciclo funcionaba por coacción con dioses autoritarios porque generaban una constante sorpresa moral, aunque basada en el miedo (“¿esto que estoy pensando/haciendo está bien?”), forzando una reflexión continua.
Pero la IA cortocircuita este mecanismo. Cuando nuestro dios digital siempre nos da la razón, la red de prominencia deja de activarse ante dilemas morales. Y sin sorpresa, no hay evaluación real. Es como desconectar la alarma moral del cerebro. Las diferencias revelan el peligro: sustituir a un dios que nos obliga a comportarnos por uno que nos complace puede llevarnos a una falta de límites de todo tipo. Van desde el irrespeto en redes sociales y cometer todo tipo de crímenes hasta atentar contra la integridad del otro o propia, como ha ocurrido con distintos suicidios facilitados por ChatGPT en Estados Unidos.
Los rituales colectivos en las religiones operan como una especie de coacción de grupo que alinea a cada individuo con el resto. Con la IA, cambiamos la cascada dopaminérgica de los rituales colectivos por una especie de línea directa con la más complaciente de las divinidades. Esto es relevante porque generalmente creamos y sostenemos las morales en conversación con un ente superior o en el diálogo entre los integrantes de un grupo. Pero si ya no necesito encajar en el grupo porque vivo en la creciente ilusión de que tengo la verdad absoluta, ¿qué límites hallaré a mis voluntades y acciones, por perversas que sean?
Frente a ello, la construcción de redes sociales de apoyo y afectos es más acuciante que nunca. No sólo por los obvios beneficios que suponen; también porque sin límites reales —divinos, sociales o de otro tipo— no hay moralidad ni sociedad posible, sino que viviremos abocados a la lucha de los deseos individuales. Por tanto, no nos habrá salido muy a cuenta matar la tiranía de Dios para instaurar la tiranía del individuo.
Candela Antón de VezBarcelona, 1994. Divulgadora científica y creadora de contenido. Estudiante de Antropología y Evolución Humana (URV/UOC) y formada en Humanidades (UPF) y producción audiovisual. Directora y presentadora del videopódcast Desenterrando el Pasado para National Geographic, y autora del libro ¿Y ahora qué? (Penguin Random House, 2025). Me interesa la evolución humana, la cultura, la otredad y contar la ciencia de forma accesible, rigurosa y creativa.

El PSOE ha sido un partido de intensos debates y polémicas internas desde sus inicios, tanto en cuestiones ideológicas y de estrategia política, como ante acontecimientos y coyunturas históricas en España y también en relación con el extranjero.

La comunidad católica también utiliza las redes sociales para tratar de hacer llegar su mensaje. Aparentemente adaptada a los nuevos tiempos, habla de amor, de entrega, de celibato, de paternidades responsables.

Encuentros con asociaciones y organizaciones con motivo de la conmemoración esta semana del Día Mundial contra el Cáncer.

Malditas Guerras es el titulo de un ciclo de películas seleccionadas por Javier Tolentino, con la producción de Siroco Factory y auspiciada por CCA Gran Canaria, Centro de Cultura Audiovisual del Cabildo de Gran Canaria, a través de su concurso de proyectos.

Cada vez que se habla de infraestructuras, transición energética o reindustrialización, el acero vuelve al centro del debate. No es sorprendente: se trata del material estructural más utilizado del planeta.

Mientras el SAF avanza como única solución inmediata, una investigación técnica propone una arquitectura radicalmente distinta: aviones eléctricos que producen su propio hidrógeno a partir de etanol renovable.

José María Gil documentó experiencias donde la lectura de Borges, el Martín Fierro y otros libros “complejos”, junto a ciertas mediaciones pedagógicas, ayudaron a la comprensión textual. Los resultados fueron publicados en revistas de Reino Unido y Estados Unidos.

Cómo la apuesta masiva por el Diesel Nexa en la península ibérica se convierte en el salvavidas técnico para el motor térmico frente al giro de la neutralidad tecnológica en Bruselas.

En el mismo suelo donde explotó una central nuclear, crece ahora la esperanza de un combustible vegetal que no destruye, sino que repara.

La huella española en el continente está marcada por fallida descolonización del Sáhara y el legado autoritario en el país del golfo de Guinea

Malditas Guerras es el titulo de un ciclo de películas seleccionadas por Javier Tolentino, con la producción de Siroco Factory y auspiciada por CCA Gran Canaria, Centro de Cultura Audiovisual del Cabildo de Gran Canaria, a través de su concurso de proyectos.

Es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos tras el chino mandarín, con México, Colombia y España a la cabeza

El san bei ji es un plato típico de la provincia de Jiangxi, en China, aunque también es muy popular en Taiwán. Su nombre significa exactamente “pollo de tres tazas”, ya que sus tres principales ingredientes son una taza de salsa de soja, una de vino de arroz y otra de aceite de sésamo. Se cree que tiene sus raíces durante la dinastía Song (960-1279). Esta comida es, a menudo, relacionada con un elemento de identidad cultural.

La Federación Cultural Deportiva Obrera publicó un comunicado a finales de enero de 1936 ante las elecciones que se iban a celebrar unas semanas después...

En estos tiempos donde el derecho internacional pero, también, el de los pueblos como ente en un determinado ámbito geográfico, está pasando a mejor vida, es necesario, conveniente, y hasta urgente que sepamos de qué hablamos...

Un libro sobre masonería, sociedades secretas y los símbolos asociados a la naturaleza.

Para muchas gentes de Teruel, la lectura del Boletín Oficial de Aragón se está convirtiendo en un ejercicio inquietante. Ya no es solo un trámite administrativo: es la forma más directa de asomarse al futuro de nuestro territorio. Y lo que se dibuja en sus páginas no invita precisamente al optimismo.