Lo que la juventud se juega el próximo 8F

Cada proceso electoral abre una oportunidad para discutir no solo quién gobierna, sino desde qué mirada se gobierna y para quién se toman las decisiones.
Opinión13 de enero de 2026 Marina Rodríguez Hernando
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Foto de Chang Duong en Unsplash

Cada proceso electoral abre una oportunidad para discutir no solo quién gobierna, sino desde qué
mirada se gobierna y para quién se toman las decisiones. En Aragón, las elecciones autonómicas del próximo 8F se celebran en un contexto marcado por una realidad que atraviesa a toda una generación, la juventud vive con la sensación de que su vida está siempre en pausa, esperando un contrato mejor, un alquiler que pueda pagar o una oportunidad que no obligue a marcharse de su pueblo, de su barrio o de su ciudad.
La precariedad juvenil no aparece por casualidad, es el fruto directo de un modelo que concentra oportunidades en unos pocos espacios, que expulsa población joven de amplias zonas del territorio y que asume, como normal, que la movilidad forzada sea el precio a pagar para “progresar”. En Aragón, esto se traduce en jóvenes que se marchan porque no hay trabajo, porque no hay vivienda accesible, porque los servicios son insuficientes o porque la conciliación es, simplemente, imposible.
Por esta razón, atrevernos a hablar de Aragón sin pensar en su juventud es renunciar a cualquier proyecto de futuro.

Captura de pantalla 2026-01-08 093016La realidad oculta tras las listas de espera sanitarias



En esta carrera electoral que se nos presenta en nuestro territorio serán muchos los partidos que busquen la oportunidad electoral apelando a la juventud, sin embargo solo existe un motor de cambio real para nosotras. El aragonesismo no como una etiqueta vacía ni como un gesto simbólico, sino como una forma concreta de entender la política y de situar a la juventud en el centro de las decisiones. Porque el aragonesismo no nace de una campaña ni de una moda electoral, nace de la  experiencia compartida de vivir en un territorio que demasiadas veces ha sido tratado como secundario, prescindible o periférico.
El aragonesismo parte de una verdad incómoda pero evidente para cualquier joven que haya intentado quedarse en Aragón, no podemos permitirnos seguir perdiendo juventud. Y no podemos hacerlo porque no se trata solo de cifras demográficas, sino de proyectos vitales truncados, de pueblos que se vacían, de barrios que envejecen y de una comunidad que ve cómo su presente se debilita mientras le piden paciencia en nombre de un futuro que nunca llega. Frente a ese relato, el aragonesismo plantea algo radicalmente distinto, que Aragón tenga derecho a decidir su propio modelo de desarrollo, poniendo la vida de su gente en el centro.
El aragonesismo debe ser una herramienta política. Es la convicción de que los problemas que atravesamos no son fallos individuales, sino consecuencias de un modelo que no ha pensado Aragón desde Aragón. Y si el problema tiene una raíz territorial, la solución también debe tenerla. El aragonesismo entiende que no hay justicia social sin justicia territorial, y que no hay políticas  juveniles eficaces si no se conectan con el lugar donde se vive. Hablar de juventud es hablar de
empleo ligado al territorio, de vivienda pública en pueblos y ciudades, de transporte que conecte oportunidades, de servicios que permitan quedarse sin renunciar a derechos básicos. Es hablar de arraigo como una posibilidad real.

Captura de pantalla 2025-12-30 074403Nuestro futuro lo decidimos en Aragón



En un contexto donde muchas fuerzas políticas apelan a la juventud sin cuestionar el modelo que la expulsa, el aragonesismo ofrece coherencia. No promete soluciones mágicas ni discursos grandilocuentes, sino algo mucho más difícil y más honesto, hacerse cargo de Aragón con responsabilidad, con memoria y con futuro. Chunta Aragonesista representa hoy esa apuesta política.
Un proyecto que no utiliza a la juventud como reclamo electoral, sino que la reconoce como sujeto político presente, con voz, con propuestas y con derecho a decidir sobre su territorio.
En estas elecciones autonómicas no se trata solo de elegir representantes, sino de decidir qué Aragón queremos ser. Un Aragón resignado a perder a su juventud o un Aragón que apuesta por cuidarla, escucharla y construir con ella.

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El verdadero cambio no vendrá de esperar a que otros nos miren, sino de mirarnos de frente y decidir desde aquí. Y eso, hoy, solo puede defenderlo el aragonesismo.


Marina Rodríguez Hernando.
Coordinadora Nacional de Choventut Aragonesista

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