
INDIGENTES MORALES

Son indigentes porque carecen de ética, de un código moral humano que nos haga indicar que, efectivamente, son humanos y no otra cosa. Para ser humano de verdad y no una apariencia ha de actuarse desde lo más altos valores que la vida nos provee siendo la dignidad, como representación de una elevada conciencia, lo que distingue a un ser humano de otro indigente moral. Carecer de dichos valores (dignidad, empatía, solidaridad, responsabilidad...) solo es posible cuando hay una ausencia total de conciencia, cuando se nada en la miseria intelectual, cuando el corazón está ausente en sus decisiones. Son las tinieblas encarnadas en un envoltorio de carne y hueso, con discursos grandilocuentes (en ocasiones) pero, sobre todo, con grandes falsedades. Únicamente sirven a la mentira, a la falsedad para derribar cualquier posición contraria, porque la mentira la convierten en religión donde ella es la verdad absoluta. Políticos, empresarios, periodistas/dueños de medios de comunicación, eclesiásticos, banqueros, jueces, policías etc., han venido conformando un conglomerado en el que mover una pieza ha sido para atacar a la mayoría social que es la que, realmente, sostiene un país considerándose que quienes atacan a esta mayoría -o sea quienes nos atacan- tienen una conciencia de poder que es lo que les une. Si el poder lo ostentan entonces no hay problema, si no están participando del mismo aunque sea en una mínima parte entonces lo que hay alrededor hay que demonizarlo. Para la indigencia moral la religión -sobre todo en el ámbito cristiano, católico o evangélico recientemente- es una valiosa ayuda para combatir al enemigo a través de imponer una determinada moral, laxa para la gente de arriba y restrictiva para la de abajo porque, en realidad, la religión no es más que una proyección de esa misma indigencia moral ya que solo sirve como mecanismo de control. En cada país, en cada rincón de ese mismo país, hay gente que carece de ética o moral alguna, gente que ostenta una determinada posición social-económica para hacer valer su posición ideológica valiéndose, de forma incomprensible, de esa misma gente que es destinataria de sus ataques porque, de lo contrario, no llegarían a tener apenas un metro de incidencia,
La gente que ostenta alguna responsabilidad social con proyección pública sabemos perfectamente cuándo es indigente moral y cuándo alguien que se equivoca con derecho a rectificar. Cuando se miente a la opinión pública como se hizo con el atentado en Madrid el 11 de marzo de 2004 y durante años se mantuvo la teoría contraria a los hechos probados, cuando se invade un país ilegalmente con la excusa de armas de destrucción masiva que no existían, cuando no se deriva a pacientes en residencias de mayores a centros sanitarios por no tener una cobertura privada y, con ello, el resultado fue la muerte de 7291 personas que podrían haber tenido una oportunidad de vivir o morir con más dignidad durante la pandemia del Covid19, cuando se culpa a la migración de todos los males pero, en especial, si la población migrante es magrebía, siendo mentira y se organizan cacerías humanas contra esa población, cuando se difunden libelos, noticias que son auténticas falsedades o montajes a sabiendas que lo son, cuando se le tiene odio al pobre, al colectivo LGTBIQ+, cuando te hincas de rodillas para lamer los zapatos de una potencia extranjera contra los intereses generales de tu país, cuando instas por activa o por pasiva a derribar a un gobierno legítimo, cuando vendes los servicios públicos a intereses privados de los que obtienes beneficios de retorno mediante comisiones disfrazadas, cuando dispones una sentencia condenatoria anunciada con anterioridad sin pruebas, cuando haciendo uso de tu uniforme de policía asesinas a un tipo por ser marroquí o negro, cuando te aprovechas de tu responsabilidad política o social para enriquecerte a costa del erario público, cuando emites normativas contra la gente pobre penalizando a las ONG´s que les ayuda, cuando desahucias a gente sin derecho a la vivienda, a un techo, que ocupan un edificio en desuso en plena navidad con frío, cuando deshumanizas a las personas y, en particular, a los menores no acompañados, cuando arremetes contras los derechos humanos de la gente para preservar tus privilegios entonces no podemos hablar más que de indigencia moral aunque, eso sí, con ese toque de clasismo propio de quien sabe que la lucha de clases existe y que, por el momento, la va ganando. Para la indigente moral no hay límites más que los que ella quiera imponer desde afuera para ella. Todo vale, el fin justifica los medios y da igual cuál sea ese fin. Ejemplos patrios, desgraciadamente, tenemos innumerables a lo largo de años y años donde se ha ido creando el ambiente de desprecio del pobre al pobre convirtiéndose éste, a su vez, en cooperador necesario del rico para unos intereses que le son ajenos. Es lo que ocurre cuando abunda la ignorancia, cuando se cae en las redes del miedo y la desconfianza sin una base sólida o justificada, cuando nos dejamos llevar por lo que nos dicen desde los medios de poder, que se llega a confundir quién es quién porque el de abajo dejó de luchar contra el de arriba, cohesionado por una conciencia colectiva de clase, y comenzó a creerse que otro igual vendría a quitarle lo que tiene y a no dejarle adquirir lo que no tiene. Y mientras eso ocurre los de arriba siguen, con su indigencia moral, enajenando tu aliento, tu esperanza en un mundo mejor, sabiendo que te convirtieron en una pieza más de la pesca envuelta en una tupida red en la que caíste por falsos cantos de sirena, el himno real de quienes carecen de alma, de conciencia que los eleva a la categoría de humano.
(El montaje de la imagen que acompaña es solo una ínfima representación de la actual indigencia moral patria y vale como botón de muestra, pero el repertorio desgraciadamente es tan amplio que podríamos llenar una enciclopedia de imágenes. Son cuatro símbolos que ejemplifican lo que es la indigencia moral)


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