
Manolo Millares: El grito de la arpillera que aún resuena
Diego De La Nuez Machin
En tiempos donde el arte parece diluirse entre algoritmos y tendencias efímeras, conviene recordar a quienes lo usaron como herramienta de denuncia, como acto de resistencia. Manolo Millares, nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1926, no solo fue un pintor de vanguardia: fue un testigo incómodo de su tiempo, un creador que convirtió el dolor en materia y la memoria en forma.
Sus célebres arpilleras, hechas con sacos, estopa, arena y cal, no eran simples composiciones abstractas. Eran cuerpos desgarrados, heridas abiertas, gritos mudos. Inspirado por las momias aborígenes del Museo Canario, Millares tejió una estética que hablaba de lo primitivo, lo marginal y lo reprimido. En sus obras no hay ornamento, hay urgencia.
Fundador del grupo El Paso, junto a artistas como Antonio Saura y Rafael Canogar, Millares fue clave en la renovación del arte español tras la posguerra. Su lenguaje plástico, crudo y visceral, se convirtió en símbolo de una generación que buscaba romper con el academicismo franquista y conectar con las corrientes internacionales del informalismo y el expresionismo.
A más de medio siglo de su muerte, la obra de Millares no solo mantiene su vigencia, sino que ha adquirido una relevancia renovada. En 2025, su presencia en exposiciones como Reflexiones desde el Antropoceno en la Havet Gallery de Madrid ha demostrado que su lenguaje sigue interpelando al espectador contemporáneo. Sus arpilleras, con sus desgarraduras y texturas crudas, se leen hoy como metáforas del impacto humano en el planeta, del dolor social y de la deshumanización.
Museos como el Reina Sofía, el MoMA de Nueva York y la Tate Gallery de Londres conservan obras suyas, y su cotización en el mercado del arte ha crecido, especialmente en colecciones privadas y retrospectivas internacionales. Además, el Gobierno español prepara un homenaje estatal por el centenario de su nacimiento en 2026, lo que refuerza su estatus como figura clave del arte contemporáneo español.
Las obras más emblemáticas de Millares pueden contemplarse en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid, donde se exhiben piezas de sus series “Pictografías”, “Muros” y “Antropofauna”. También el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) en Las Palmas de Gran Canaria conserva parte de su legado, junto con exposiciones temporales en el MACBA de Barcelona y la Fundación Antonio Pérez en Cuenca. A nivel internacional, el MoMA y el Museo de Arte Moderno de São Paulo han incluido sus obras en sus colecciones permanentes.
El compromiso de Millares no se limitó a sus lienzos. Fue cofundador del grupo LADAC (Los Arqueros del Arte Contemporáneo) y participó activamente en la revista Planas de Poesía, junto a sus hermanos Agustín y José María Millares Sall, donde ilustró textos de fuerte contenido social. Su obra gráfica y sus escritos denunciaban la miseria, la opresión y la falta de libertad durante el franquismo. Millares entendía el arte como una forma de militancia cultural, una herramienta para despertar conciencias y construir ciudadanía.
Lo que hace a Millares verdaderamente imprescindible no es solo su técnica, sino su compromiso ético. En sus cuadros hay una constante reflexión sobre la muerte, la injusticia, la violencia. No pintaba para decorar salones, sino para incomodar conciencias. Su obra es un espejo roto donde se reflejan los traumas colectivos de una España silenciada.
Hoy, cuando el arte se debate entre lo comercial y lo conceptual, Millares nos recuerda que el arte puede —y debe— ser un acto de valentía. Porque el arte de Millares no envejece: late.





Una nueva forma de vivir el patrimonio cultural español.

El socialismo español ante los acuerdos tripartitos de Madrid

En América, diagnóstico sombrío

Grecia como laboratorio de ajuste económico

Kurdistán iraní: Vivir y morir por la libertad

Jóvenes simples: Soluciones fáciles, soluciones rápidas.

Una nueva forma de vivir el patrimonio cultural español.







