Manifiesto del Colectivo de Psicólogas Feministas con Palestina

El Colectivo de Psicólogas Feministas Con Palestina (CPFCP) está formado por psicólogas del estado español que trabajamos aplicando la perspectiva de género y diversidad sexual y desde una mirada feminista interseccional. Ante el genocidio en tiempo real del pueblo palestino, orquestado por el ejército israelí y encabezado por Benjamín Netanyahu, alzamos la voz con firmeza y sin ambigüedad frente a la masacre y nos posicionamos tajantemente para defender los derechos humanos y la dignidad de la población palestina.

Una mirada atras...07 de enero de 2026 Colectivo de Psicólogas Feministas con Palestina
Colectivo de Psicólogas Feministas con Palestina
Colectivo de Psicólogas Feministas con Palestina

El Colectivo de Psicólogas Feministas Con Palestina (CPFCP) está formado por psicólogas del estado español que trabajamos aplicando la perspectiva de género y diversidad sexual y desde una mirada feminista interseccional. Ante el genocidio en tiempo real del pueblo palestino, orquestado por el ejército israelí y encabezado por Benjamín Netanyahu, alzamos la voz con firmeza y sin ambigüedad frente a la masacre y nos posicionamos tajantemente para defender los derechos humanos y la dignidad de la población palestina. 

A día de hoy, más de 59.800 personas han muerto en la Franja de Gaza desde el comienzo de la ofensiva israelí, el 7 de octubre de 2023. De esta cifra, cerca de 18.000 eran niños y niñas. Siendo estas las cifras oficiales, muy probablemente el número ascienda mucho más. La población gazatí muere a causa de los bombardeos y ataques, pero también por enfermedades infecciosas, falta de atención médica o desnutrición.

El 48% de las muertes por heridas de guerra fueron infantiles y el 40% de estas víctimas infantiles tenían menos de 10 años. A este horror, a esta destrucción masiva del territorio, a esta falta de lugares seguros, se suma ahora el hambre extrema: casi una de cada tres personas lleva días sin comer. El Gobierno de Gaza avisa de que más de 100.000 niños, incluidos 40.000 bebés, se enfrentan a la amenaza de muerte por desnutrición. Más de un millón de personas se encuentran en situación de hambruna aguda, sobreviviendo en condiciones infrahumanas sin acceso a agua potable, electricidad, medicinas ni refugio seguro. De cuatrocientos puestos para facilitar comida a dos millones de personas, se ha pasado a tan solo cuatro, bloqueando, por otro lado, la entrada de comida al territorio. La lucha entre el propio pueblo palestino por obtener comida mientras recibe disparos del ejército de Israel supone la desintegración de las familias y de
la solidaridad, destruye el tejido humano. Se trata de un genocidio, es inhumano y está siendo televisado, no
se puede seguir negando.

Como psicólogas con perspectiva feminista, consideramos que ninguna lucha está aislada, en tanto que las distintas opresiones son interseccionales y se afectan entre sí. De esta manera, nos negamos a mantenernos impasibles ante la actualidad en Gaza, porque lo que está ocurriendo nos interpela.

Como profesionales acostumbradas a trabajar con el dolor, la pérdida, el trauma y las huellas de la violencia en los cuerpos, sentimos la obligación de señalar el irrevocable impacto psicoemocional, físico, sociocultural, transgeneracional y transfronterizo que este genocidio tiene sobre el pueblo palestino y otros pueblos oprimidos o en conflictos armados a los que esta masacre sirve de aleccionamiento infundiendo el terror.

Rechazamos la lógica binarista y simplificadora de la guerra. No es un enfrentamiento, es una ocupación, una colonización y una limpieza étnica sostenida. Señalamos como responsable al gobierno sionista de extrema derecha, encabezado por Benjamín Netanyahu, que perpetra crímenes de guerra y contra la humanidad en nombre de una ideología supremacista muy alejada de los valores judíos. Denunciamos también la complicidad activa de Estados Unidos, la Unión Europea y muchos de sus gobiernos, que, lejos de frenar esta barbarie, la legitiman con su silencio, su inacción, sus armas y su propaganda.

Nos solidarizamos con las voces judías antisionistas, que resisten desde dentro y fuera del Estado de Israel, y que se posicionan en contra del nuevo fascismo, muy similar al que sus ancestros padecieron durante el Holocausto.

Pero, sobre todo, nos solidarizamos con el pueblo palestino. Con las madres que no pueden alimentar a sus criaturas, con las niñas y niños que han quedado huérfanos en la barbarie, con los y las adolescentes a quienes han usurpado toda esperanza y que vivirán las secuelas traumáticas de una guerra atroz de por vida.

Nos solidarizamos con las personas mayores, con diversidad funcional, con enfermedades crónicas, que no pueden huir, obligadas a permanecer bajo las bombas, condenadas a morir en el abandono y sin acceso a la mínima atención sanitaria. Nos solidarizamos también con los cientos y miles de personas que han venido soportando vejaciones, humillaciones y restricciones en su tierra a lo largo del tiempo y ahora se ven despojadas de todo y recluidas en campos de concentración, mientras mueren literalmente de hambre.

Nos solidarizamos, en definitiva, con todas aquellas personas que viven bajo fuego constante y resisten hacinadas en un entorno de muerte, privación y terror; también, con los y las periodistas que tratan de documentar y dar a conocer su situación, y con el personal sanitario que sigue atendiendo en medio del colapso.

Las consecuencias de semejante atrocidad no son medibles. Si esta situación se mantiene, nos enfrentamos a un futuro imposible para el pueblo palestino. La violencia es física, pero también psicológica, emocional, simbólica. La violencia es ecológica y estructural. Se está rompiendo la continuidad de la vida. En Gaza se está atentando contra los ritmos vitales de las mujeres, impidiendo el desarrollo de procesos menstruales, embarazos, partos y lactancias dignas o con mínimos de salubridad. Asistimos a una destrucción programada del tejido social, cultural y psíquico del pueblo palestino. No hay tierra segura ni estructura social que mantenga el desarrollo de la vida. Es un acto de justicia social y feminista asegurar que todas las madres y familias tengan acceso a una alimentación adecuada, así como a unas condiciones óptimas para el desarrollo vital. El aislamiento informativo mediante la prohibición de entrada a la Franja de la prensa internacional y la ausencia de electricidad es el caldo de cultivo para la vulneración impune de derechos humanos.

Desde nuestra labor práctica y nuestra ética como profesionales, manifestamos que la salud mental es un derecho universal y que conlleva una responsabilidad colectiva. No puede haber salud mental bajo el asedio, la humillación y el terror constante.

Nosotras, psicólogas feministas, denunciamos esta barbarie y exigimos:

• El alto inmediato del fuego y el fin del genocidio.
• El cese de la ocupación israelí, el fin del apartheid y la desmilitarización de los territorios.
• El juicio y condena de los responsables de crímenes de guerra.
• La reparación integral y el derecho al retorno para el pueblo palestino.

No hay salud sin dignidad. No hay salud sin justicia. No hay salud sin territorio. No hay salud sin comunidad, sin rituales, sin posibilidad de duelo, sin soberanía. 

En medio del horror, Palestina sigue resistiendo, perseverando en la vida para seguir existiendo. En Gaza, en Cisjordania y en la diáspora, la población palestina sigue manteniéndose en pie, perdurando su cultura y su memoria. Nosotras alzamos la voz para decir que no están solas, que la indignación y el espanto nos llevan a organizarnos para luchar de su lado, porque la salud mental no se aborda únicamente en consulta, sino también en las calles, en la denuncia de los gobiernos y empresas responsables de la masacre, en la construcción de memoria colectiva y de mecanismos de protección y reparación basados en la dignidad y la humanidad.

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