El CAAM : el museo perdido.

El CAAM está físicamente en el corazón de Vegueta, pero simbólicamente parece cada vez más lejos de la ciudadanía. Las actividades educativas son insuficientes, la programación pública carece de continuidad y el museo no ha logrado convertirse en un espacio vivo, permeable, donde la ciudadanía sienta que ocurre algo relevante.
Cultura y Ciencia04 de febrero de 2026Diego De La Nuez MachinDiego De La Nuez Machin
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El CAAM debería ser uno de los motores culturales más potentes del archipiélago. Nació con una vocación clara: situar a Canarias en el mapa del arte contemporáneo atlántico, tender puentes entre Europa, África y América Latina, y convertirse en un espacio de referencia para la creación, la investigación y el pensamiento crítico. Sin embargo, la realidad actual dista mucho de esa ambición. La gestión del centro en los últimos años ha dejado una sensación creciente de desorientación, falta de proyecto y desconexión con la ciudadanía, hasta el punto de que muchos artistas locales y visitantes habituales del museo coinciden en una idea incómoda: el CAAM está perdiendo su rumbo.

Un museo sin relato: exposiciones que no construyen un proyecto

Uno de los problemas más evidentes es la falta de coherencia curatorial. Las exposiciones se suceden sin un hilo conductor claro, sin una línea de investigación sólida y sin una identidad reconocible. El CAAM, que en su origen fue pionero en el diálogo tricontinental, parece haber renunciado a ese papel para convertirse en un espacio donde las muestras llegan sin una visión estratégica, como piezas sueltas de un puzle que nadie se ha molestado en ordenar.

La consecuencia es evidente: el museo no genera debate, no marca agenda y no lidera la conversación cultural en Canarias. Se limita a programar, pero no a pensar.

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Desconexión con el tejido artístico local.

Otro de los puntos más críticos es la escasa relación con los artistas canarios. El CAAM debería ser un espacio de referencia para la creación insular, un lugar donde los artistas locales encuentren apoyo, visibilidad y oportunidades reales. Pero la percepción generalizada es que el museo mira más hacia fuera que hacia dentro, y que la escena canaria solo aparece en la programación de forma puntual, casi testimonial.

Esto no solo es injusto: es un error estratégico. Un museo público debe fortalecer su ecosistema cultural, no ignorarlo.

Falta de transparencia y comunicación opaca.

La gestión cultural exige transparencia: en los procesos de selección, en los presupuestos, en las decisiones curatoriales. Sin embargo, el CAAM ha sido criticado por su opacidad. Los cambios de dirección, las decisiones sobre exposiciones y la contratación de servicios externos se comunican tarde, mal o simplemente no se explican.

En un contexto donde la ciudadanía exige instituciones públicas abiertas y responsables, esta falta de claridad erosiona la confianza y alimenta la sensación de improvisación.

Un museo que no dialoga

El CAAM está físicamente en el corazón de Vegueta, pero simbólicamente parece cada vez más lejos de la ciudadanía. Las actividades educativas son insuficientes, la programación pública carece de continuidad y el museo no ha logrado convertirse en un espacio vivo, permeable, donde la ciudadanía sienta que ocurre algo relevante.

Mientras otros centros culturales europeos han entendido que un museo del siglo XXI debe ser un lugar de encuentro, debate y participación, el CAAM sigue anclado en un modelo rígido, institucional y poco dinámico.

¿Qué debería cambiar?

Para recuperar su papel, el CAAM necesita una transformación profunda:

1. Un proyecto curatorial claro y estable

Una línea de trabajo reconocible, con identidad propia y continuidad en el tiempo.

2. Integración real del arte canario

No como gesto simbólico, sino como parte estructural de la programación. 

3. Transparencia en la gestión

Procesos claros, comunicación fluida y rendición de cuentas.

4. Un museo abierto a la ciudadanía

Más actividades, más diálogo, más presencia en la vida cultural de la ciudad.

5. Profesionalización y estabilidad en la dirección

Un liderazgo sólido, con visión a largo plazo y sin vaivenes políticos.

6. Más que exponer

Un museo del siglo XXI no puede ser un simple escaparate, no basta, debe buscar actividades para fomentar el arte y la participación. Por ejemplo con los artistas locales no basta con ceder espacios (cosa que apenas hace) sino apoyar al arte y la creatividad local, ser cómplices de los artistas.

El CAAM puede ser mucho más:

El CAAM no es un museo cualquiera: es una institución con historia, con potencial y con una responsabilidad enorme en el panorama cultural canario. Pero para estar a la altura de esa responsabilidad necesita un cambio de rumbo. No basta con abrir exposiciones: hace falta un proyecto. No basta con gestionar un edificio: hay que liderar una visión.

Un museo no puede ser una colección particular donde su directiva exhiba sus gustos, por muy buenos o acertados que sea, un museo tiene la misión de fomentar la cultura y el interés. Cierto que tampoco puede estar solo al capricho de modas o del público, pero entre ambos puntos existe un amplio abanico donde se puede apostar por puntos medios o intercalar entre ambos en busca de una conexión. Durante estos años el CAAM se ha convertido en un cementerio artístico donde los amplios pasillos y salas recogen arte que puede ser que sea de nivel, pero no cumple su función, parches aislados, sin dirección, sin rumbo, sin alma. No hay cifras oficiales, pero ir al CAAM suele ser un paseo frio y solitario que rara vez apetece repetir. 

Un museo que no dialoga con su entorno es un edificio bonito lleno de objetos mudos. La verdadera función de una institución cultural pública es activar a la ciudadanía, no contemplarla desde la distancia. Cuando un museo se abre a su barrio, cuando escucha a sus comunidades, cuando se convierte en un espacio donde la gente entra no solo para ver arte, sino para pensar, debatir y encontrarse, entonces deja de ser un contenedor y se convierte en un motor social. Esa conexión es la que convierte la cultura en un derecho y no en un lujo reservado a unos pocos. Y es precisamente ahí donde muchos museos fallan: en entender que su misión no es exhibir, sino participar.

No hace falta ser un experto en cultura para que quieras ir a un museo, la tarea del museo no es solo atraer al experto, tampoco es necesario serlo para entender que algo no funciona. La pregunta es como las administraciones publicas no lo ven o si lo ven porque no intentan nada. Es mejor hacer un proyecto a medio plazo, que puede costar arrancar o que tenga errores (incluso fracasar y volver a empezar) pero tenga la intención de ser un autentico museo a seguir en la línea de volver en esta línea, auqnue para eso hace falta valor.

Además, la incentivación cultural no ocurre por generación espontánea. Requiere instituciones que asuman un papel activo, que programen con intención, que formen públicos, que acompañen procesos creativos y que entiendan que la cultura es una herramienta de transformación colectiva. Un museo que no genera curiosidad, que no educa, que no provoca preguntas, es un museo que renuncia a su responsabilidad pública. En un territorio como Canarias, donde la cultura ha sido históricamente infravalorada, los museos deberían ser espacios de referencia, lugares donde se construye identidad y pensamiento crítico. Cuando esa función se diluye, no solo pierde el museo: pierde la sociedad entera.

Canarias merece un CAAM fuerte, valiente y conectado con su tiempo. Y ese CAAM solo será posible si se asume, de una vez por todas, que la cultura no puede gestionarse con inercias, elitismo, improvisación o falta de ambición.

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