
Hacia un modelo mercantil ético: La urgencia de dejar atrás las fórmulas del siglo XIX.
Sergio Santana Santana
El siglo XXI avanza a un ritmo vertiginoso, pero nuestras estructuras mercantiles parecen ancladas en el pasado. Mientras el mundo debate sobre sostenibilidad, justicia social y equidad, seguimos utilizando herramientas económicas propias del siglo XIX, diseñadas para acumular riqueza en manos de unos pocos. Es hora de cuestionar estos modelos y exigir alternativas que prioricen el bienestar colectivo sobre el enriquecimiento individual.
El fracaso del modelo anglosajón.
Desde hace décadas, se nos vende la idea de que el éxito económico depende únicamente del esfuerzo individual. Este discurso, impulsado por las corrientes ultraliberales, ha llevado a países como Argentina a situaciones de pobreza extrema y desprotección social. Allí, la falta de regulación laboral y ambiental ha destruido empresas, aumentado el desempleo y convertido a una nación próspera en un estado dependiente de actividades primarias. ¿Realmente queremos importar este modelo?
Sociedades mercantiles obsoletas.
Las sociedades anónimas y limitadas, creadas en el siglo XIX, siguen siendo los pilares de nuestra economía. Estas estructuras, diseñadas para distribuir beneficios entre accionistas, ignoran por completo a quienes generan la riqueza real: los trabajadores. En una era que se enorgullece de su compromiso con la sostenibilidad y la justicia social, resulta anacrónico mantener sistemas que perpetúan la explotación y la desigualdad salarial.
Sociedades éticas y redistributivas.
Es urgente crear nuevos modelos mercantiles que redistribuyan los beneficios entre todos los actores involucrados. Estas "sociedades éticas" deberían:
1. Distribuir utilidades entre trabajadores, reconociendo su papel fundamental en la generación de riqueza.
2. Regular las diferencias salariales, evitando abismos entre directivos y empleados básicos.
3. Proteger a los accionistas de los sueldos exorbitantes de los ejecutivos, que erosionan los dividendos.
El camino hacia un futuro mejor no pasa por retroceder a las prácticas del siglo XIX, sino por construir un sistema económico que priorice la justicia social y la equidad. Debemos exigir la creación de sociedades mercantiles éticas y la eliminación progresiva de los modelos obsoletos. Solo así podremos garantizar un desarrollo sostenible y un verdadero estado de bienestar para todos.
Es momento de dejar atrás la complacencia y actuar. La justicia social no es una utopía, sino una necesidad urgente. ¿Estamos dispuestos a construirla?


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