
El campo se muere: el abandono institucional y el espejismo del voto.
Sergio Santana Santana
Un grito desde las cenizas: la España rural clama por medidas de Estado frente a la desidia de un modelo que solo la ve como un instrumento para el poder.
La crudeza de los incendios forestales no solo devora hectáreas de monte; también quema, de forma implacable la vida de muchos animales y floresta singular, la vida de muchas personas y el futuro de las comunidades que resisten, la cortina de humo oculta el abandono secular del mundo rural. Tras las llamas, emergen las cifras de una inversión en prevención que no ha dejado de caer, especialmente en comunidades gobernadas por la derecha liberal. Y, en una cruel paradoja, es el votante rural quien a menudo sostiene con su papeleta a las mismas fuerzas políticas que contribuyen a cavar la fosa de sus propios pueblos.
Este abandono no es casualidad; es ideología. El ultraliberalismo español tiene una meta clara y única: hacer caja. En este relato, el medio rural y sus habitantes son meros instrumentos, herramientas desechables para un fin económico. Sus votos son necesarios –imprescindibles, incluso– para arañar mayorías en el Parlamento nacional o autonómico, pero su bienestar no trasciende de ese utilitarismo político. Medidas para su desarrollo: ninguna. Para su conservación: ninguna. Para mantener servicios públicos esenciales: ninguna. La lista de promesas incumplidas es interminable.
El mantra de la iniciativa privada como solución universal choca de frente con la realidad demográfica. La lógica del capital, que busca maximizar beneficios, es inaplicable donde la densidad de población no alcanza el umbral de rentabilidad. ¿Cómo pedirle a una marca que abra una franquicia donde no hay 20.000 almas? Los municipios se alejan cada día más de esas cifras, sumidos en una espiral de despoblación y envejecimiento.
Frente a esta negligencia, se hace imperioso un cambio de paradigma. Los pueblos no necesitan limosnas privatizadas; necesitan medidas de Estado. Necesitan políticas audaces y cercanas que entiendan que el trabajo es la savia para la supervivencia. La solución pasa por la gestión de proximidad, desde los ayuntamientos, la administración que mejor conoce el territorio.
Propuestas desde la ceniza:
• Empleo de proximidad: Crear viveros forestales municipales y brigadas forestales profesionales, con plazas ligadas a la residencia, para el cuidado y mantenimiento del monte.
• Economía circular verde: Impulsar industria local ligada al sector, como la explotación forestal sostenible, la producción de biomasa (pellets) y otras actividades que generen valor añadido.
• Servicios públicos garantizados: Asegurar de forma irrevocable los servicios esenciales: acceso a correo, banca, seguros y atención social. Sin ellos, no hay fijación de población posible.
• Conservación del patrimonio municipal: Mantener caminos y vías rurales, el tejido conectivo del territorio.
Solo una gestión pública fuerte y decidida, siempre ligando los puestos de trabajo a la residencia, con competencias y financiación, puede revertir esta sangría. La administración autonómica, a menudo lejana y burocrática, debe ceder espacio a la iniciativa local. Cuando se legisle para empoderar a los ayuntamientos, sabremos que existe una voluntad real de cuidar el campo.
Mientras tanto, la visión cortoplacista del capitalismo liberal, junto con la sumisión de una clase política a sus dictados, seguirá impidiendo cualquier mejora directa. Los discursos vacíos de estos políticos de derechas seguirán calando entre ellos con sus mensajes vacíos y engañosos, repitiendo sus frases facilonas, quizás lo mas duro para una persona es reconocer el error de estar votando a la opción política que los condena a la desaparición, votar a esas opciones políticas neoliberales que los utilizan sin escrúpulo, opciones políticas a las que llevan votando toda la vida al mismo tiempo que ven cómo el precio de su voto es la lenta agonía de su pueblo, la desaparición de sus recuerdos y el futuro yermo de ruinas donde una vez hubo vida.
El campo se muere. Y no es un fenómeno natural; es un fracaso político.


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