
¿Tasa turística...? Entre capitalismo liberal y capitalismo socialmente responsable.
Sergio Santana Santana
Mucho se ha hablado en las Islas Canarias sobre este asunto, este verano he podido comprobar que es algo muy común en toda Europa incluso en municipios minúsculos, algún municipio en las islas ha establecido alguna simbólica de unos pocos céntimos por noche, con mucha polémica y visita a los juzgados incluida, los empresarios del sector y los defensores del capitalismo más salvaje que solo busca acumular beneficios, alzan la voz de lo peligroso que es implantar dicha tasa para la economía de las islas, nunca les he oído manifestarse sobre los residuos que genera el turismo y la rápida colmatación de los vertederos de las islas, territorio limitado en superficie donde los haya, ni sobre cualquier efecto negativo real de dicha actividad, solo oiremos parabienes de que es el motor económico de las islas y que sin el no tendríamos futuro.
Si algún comentario se hace por estos sectores sobre dicha tasa es que debe ser simbólica y revertir en el sector turístico nunca sobre la sociedad isleña, parece que la presión de la población flotante turística hace sobre el territorio consumiendo cada día más suelo pues es conocido que nunca contemplan la demolición y nueva urbanización de zonas turísticas obsoletas y deterioradas, las calles, carreteras, espacios públicos, así como los servicios públicos básicos como el sanitario que pagamos y mantenemos entre todos los residentes con nuestros impuestos carecen de importancia o valoración para dichos empresarios y sus defensores políticos.
Frente a este capitalismo cortoplacista, existen modelos de referencia. Noruega, por ejemplo, sabe que el petróleo es finito, por eso destina parte de sus beneficios a un fondo soberano que garantiza el bienestar de su ciudadanía cuando el recurso se agote. Canarias debería tomar nota: el turismo también es un recurso finito, sujeto a modas, crisis y cambios globales.
Una tasa turística bien gestionada podría alimentar un fondo público insular destinado a mejorar la vida de las personas: erradicar la miseria y la exclusión, asegurar pensiones dignas, garantizar becas para estudios superiores, financiar programas de desarrollo no vinculados al turismo… Así, cuando el flujo turístico disminuya —que disminuirá—, no lo viviremos como un drama, sino como una transición gestionada con inteligencia y foresight, que la crisis turística no nos lleve como cada caída económica sucedida en el pasado de las islas a la diáspora, a la exclusión social y la miseria…
La obligación de los políticos —presentes y futuros— es con la población, no con lobbies especulativos que hoy están y mañana quizás no. No podemos exigir responsabilidad social a quien solo se mueve por el ánimo de lucro, pero sí a quienes elegimos para que nos gobiernen.
Es hora de pasar de las palabras a los hechos. Canarias se lo debe a sí misma.


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