
La disciplina en el Partido Socialista

En el pasado en el Partido Socialista hubo siempre una defensa a ultranza de la disciplina interna, un término que hoy no gusta porque se piensa que suena a autoritarismo, cuando, en realidad, no es así. Por disciplina se entendía en el pasado y en el presente lo mismo, es decir, el acatamiento de lo que aprueba o decide la mayoría y, por consiguiente, el trabajo en favor de la aplicación de las decisiones tomadas de forma democrática o lo que es lo mismo, legítimamente.
La disciplina podría tener conexión, a su vez, con la lealtad. También tendría que ver con el hecho de que cuando se pertenece a una formación política el trabajo es conjunto, una suma de individualidades en el trabajo por la consecución del objetivo común. Allá por 1900 lo tenía muy claro Juan Morán en un texto brevísimo que publicó El Socialista en su número del primero de mayo del último año del siglo XIX, “La disciplina”. Morán decía que en ese momento cuando parecía que le brotaban al socialismo español “afinidades platónicas” había que afirmar con decisión la disciplina del partido, esto es, “la subordinación de las acciones individuales aisladas a una superior acción colectiva”, algo fundamental en una agrupación política. Pero, además, habiendo entusiasmo y fe, los mandatos de la disciplina se cumplían con gozo, considerándose no como algo exterior a uno mismo con un poder coercitivo sino como la emanación de “nuestra propia fuerza que nos dirige y nos ordena”. Esto estaba escrito en 1900, pero, al parecer, todavía conviene recordarlo.
El trabajo es colectivo, sin que eso suponga merma de la personalidad de cada uno y de cada una. La historia siempre nos ofrece materiales para la reflexión.


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